Viernes creativos: contando ovejas

Buenos días,

Hoy os traigo a un joven fotógrafo venezolano llamado Daniel Serva, que realiza un tipo de fotografía abstracta, surrealista y muy creativa con la que consigue expresar sus sentimientos.

Esta que os traigo hoy se llama “contando ovejas”. Pero, como siempre, os recomiendo que visitéis su página: https://danielserva.com/es/about/ os va a encantar.

A ver qué os inspirar, ya estoy preparada para leeros.

Os deseo un puente de la Hispanidad de descanso y muy feliz.

Ele

3 pensamientos en “Viernes creativos: contando ovejas

  1. Insolación
    Relajado, dejo que el sonido del mar me acune, no me escondo, pero parapetado tras un libro y mis gafas de sol, observo.
    Considero que no soy un voyeur, pero me gusta contemplar la variada fauna que puebla la playa, En el espacio informe que queda entre mi toalla y una pareja de mediana edad que se tiende al sol, igual que yo, toman posesión del arenal tres jóvenes.
    Conforman la viva imagen de Afrodita, Atenea y Hera, son tres cuerpos brillantes, bien torneados; cuerpos que irradian energía y salud.
    El murmullo de su conversación, y su proximidad, consigue que fije de manera discreta pero permanente mi atención en ellas. No parece que hayan venido a bañarse y aún así, una a una, las tres diosas han recorrido el camino hasta la orilla. Mientras se refrescan, trato de concretar lo que distingue a una de otra en la uniformidad de su belleza, cabellos lisos o ligeramente rizados. Leves diferencias de altura que no hacen más que aumentar la armonía, las distintas tonalidades del dorado de la piel de cada una, imposibles de adjetivar; miel, avellana, bronce, faltan palabras, ninguna hace justicia.
    Creo que saben que las miro y parece no importarles. Embelesado escucho, y solo escucho, sus voces me subyugan. La luz del sol me obliga a cerrar los ojos y el mundo queda dibujado con el eco de un tiempo mítico, en el que la belleza lo ocupaba todo.
    Al poco encuentro que ninfas desnudas recorren la playa, se acercan curiosas, intercambian sonrisas cómplices. Ya nadie se tiende en la arena, ni juega con las olas. Ovejas impertinentes comienzan a llover del cielo y me llaman con voces lejanas, el libro que hace un momento me servía de resguardo resbala de mis manos y me saca de una existencia que embota mi cabeza.
    Ahora, es un socorrista el que me habla y devuelve mi conciencia ardiente a una realidad no deseada. Puesto a la sombra, con la cabeza envuelta en una toalla fresca y húmeda, cierro los ojos con la esperanza de calmar el dolor de cabeza y regresar a ese mundo de cuerpos felices y pieles tersas, al contrario que la mía, que arde.

  2. VOY PARA VEGANO
    De niño no me gustaba la carne. Era un suplicio cuando mi madre lo intentaba. Ni volar aviones, ni venir en tren, ni en el “tu-tut” de papá, aquel tenedor con un trozo de carne en la punta no lo soportaba. Se me hacía una bola en la boca que no podía tragar sin provocarme arcadas.

    De joven estaba muy unido a mis primos, y en su casa se comían los filetes recién hechos y un poco crudos. Era el menú de un dia si y otro también. A fuerza de insistir acabó gustándome la carne.
    He disfrutado con chuletones, sobre todo con los tomahawk, he comido potro, cordero, toro, avestruz, canguro, cerdo, oveja, cabra., pollo, conejo…. un montón de carne, un montón de animales.

    Un dia escuché a Ismael, el de la Fundación Santuario Gaia. Me impregnó del respeto y cariño hacia el mundo animal. Su dedicación y estima a esos seres vivos que también tienen sentimientos.
    Les pone nombre: Samuel, Tina, Georgina. Incluso yo he llegado a quererlos. Los libera, los cuida, los cura, los dignifica. Sigo a la Fundación y me siento solidaria con su lucha.

    Me apena el maltrato en mataderos, la explotación animal, las macro-granjas. Incluso llego a tener pesadillas. En una carretera solitaria se me aparecen corderillos lechales sobrevolando sobre mi cabeza. Llevo una mascara, coladero fariseo, que me priva de ver la realidad como ser humano, que de una manera o de otra, soy complice de la destrucción que me rodea, complice de la destrucción del planeta.

    De nuevo no quiero volver a comer carne. ¿No dicen que el pasado siempre vuelve?

    Anna Aurora Hildegarda

  3. My only cage is your opinion

    Noto sus miradas penetrando mi piel.
    No entiendo sus palabras
    pero sus ojos se clavan como dagas
    mientras deslizo la pluma sobre este trozo de papel.
    Llueve fuera
    llueve mucho
    llueve dentro
    inundando mi cabeza perversa
    agitada
    contenta.
    Hoy noto la tristeza disfrazada de euforia
    la calma con una máscara nueva
    me saluda desde una esquina
    y yo la rechazo
    por qué no tiene nada nuevo que contarme.
    Otro par de ojos se posan sobre mí
    el café se ha acabado
    y yo les miro, paciente
    esperando recibir una mirada de consuelo
    una que me lleve a casa.

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