Viernes creativo: escribe una historia

¿Te atreves a escribir una historia para esta foto de Berta Vicente? No se trata de que cuentes lo que se ve, sino de que inventes una historia en la que encajar esta imagen. Sé imaginativo, no caigas en los clichés.

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir. Vamos a ver cuántas historias diferentes nos salen.

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82 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. -El otro día me contaron en un bar de carretera la historia de dos ladronas de banco morenas…
    Nunca las pillaban… Pero una tarde tonteando en la bañera del motel quitándose el tinte del pelo, los pelos atascaron el desagüe y su mala suerte fue que el habitante contigüo era el comisario de policía encargado de los robos…
    – Papá, hay que ser muy tonta para quitarse el tinte en una bañera… ¿Esas chicas no saben que se tiñe el cuerpo también?

  2. Princesas

    Tus ojos azules de princesa rusa se desangraron en mi bañera el día que él te dejó. Desde entonces, solo puedo juntar piedras para construir un castillo a tu altura. Con un foso lleno de cocodrilos, con almenas desde donde otear enemigos. Con murallas imposibles de franquear. Solas tú y yo. Felices para siempre.

  3. Amor, si ante tu dolor pudiera derretirme, hasta ser tu agua, hasta ser tu líquido amniótico, rodeándote de caricia y latidos. Si pudiera empaparte de este corazón acuoso que se desvive por ti; entonces me sentirías en cada gota, en cada pulso, en cada nervio.

  4. El último amante

    Yo ceñiré tu cuerpo mientras te desdibujas. Te daré mi beso mientras cierro tus ojos. Dejaré que tu realeza se vaya por el desagüe y cuando no quede nada del liquido elemento en tu cuerpo, te cubriré con el frío velo de la noche eterna.

  5. _ Siempre seré la mayor _

    LLegaste trigueña al mundo, tan sólo unos minutos después de que yo brotase morena de entre las piernas de mamá. Tú tan pequeña y frágil, yo más larga y lozana.
    Ay, como llorabas a ojos y puñitos cerrados mientras yo te miraba en silencio a través del metacrilato de aquella cunita del quirófano.

    Crecimos al abrigo de los fríos murmullos que rebotaban por las esquinas del pueblo. Jugábamos a ser niña y muñeca. Yo te peinaba la trenza, mientras las combas saltarinas cantaban en la otra esquina del patio: “No son del mismo padre. Su madre se fue con dos. Nacieron el mismo día. Que sorpresa se llevó.”
    Tú seguías llorando, pero la que apretaba sus puñitos era yo.

    Te quiero tanto, que no soporté que vertieses una lágrima negra más. Hoy ya no hay niños que canten en el pueblo. No sufras, duerme. Nos ahogaremos las dos en esta pena que nos vio nacer, hasta que nos encuentren siendo una, cuando las capas verdes vengan a buscarme.

  6. Recuerdo que hicimos un mar pequeño, a la medida de aquellos sueños en los que éramos felices, y el sonido de tu voz nerviosa diciéndome, despacio, que al otro lado de aquellas olas tibias estábamos nosotras.

  7. A medida

    A poder ser la preferiría con dos cabezas, una de cada color. De piernas y brazos, dos y tres, para que camine con discreción y le sobre siempre una mano en los quereres. De lo hembra, lo de una, que hasta así se me hace mucho; y en los ojos voy a ser algo flexible: quiero dos del color del mar y, en la otra mirada, sorpréndanme.

  8. El azul de tus ojos se me clava en la piel y me aprisiona con forma de brazos. El espejo lo refleja, aunque no pueda verte; aunque no pueda sentirte, me tienes sumergida en tu baño que me inunda en una felicidad que desconocía hasta hoy, momento en el que desfallezco, muero, presa de tu terrible amor.

  9. Sin rastro

    El techo de uralita se hundía sobre ellas. Brenda lo observaba impasible.
    Ya era tiempo, tras tantos meses de encierro y el olor de Pat al que no pudo aligerar ni con aquel bidón de petróleo, no le quedaban fuerzas para sentir ninguna emoción.
    No podía imaginar que tras la uralita venían los bloques, el hormigón, ventanas, y todo el edificio abandonado que acababa de derrumbarse.

  10. El cuidado de los enfermos

    Papá siempre te apreció—«la mejor chica que has traído a casa»—, aunque casi al final sus palabras se volvieron mucho más bruscas. «Me gusta esa novia tuya rubia de bote —dijo, con su mano entre las mías, la última noche en el hospital—: siempre está riendo, como si llevara una seta de colores entre las piernas». No quise decirle nada, para qué hacerle sufrir: que estabas con otra, que ya no eres rubia y apenas reías, que te sigo queriendo.

  11. ENDEMONIADAS

    Esta tarde, mientras bañaba a las niñas junto a sus patitos de goma, sus cuerpos han madurado y han perdido su inocencia. La mayor acariciaba a la pequeña como tú le habrás enseñado y, cuando escandalizada le he reprochado su diabólica actuación, ¿sabes lo que me ha contestado? «Vete de aquí, perra inútil. No sirves para nada. Yo la lavaré». La pequeña se ha reído como lo deben hacer tus esclavas. Aun así, no me he resignado y he luchado por recuperarlas, pero me han escupido, arañado y golpeado hasta que he perdido el sentido. Es inútil que me resista, lo has conseguido. Así que toma, no las quiero, quédatelas, se parecen tanto a ti, que me aterran.

  12. FATUM

    Eran tantos los años que te hostigaban las cervicales, que tu pelo empezó a perder el color, como una fotografía desterrada del buró y amurallada por infranqueables paredes de húmedo cartón. Cada vez más nevado, cada vez más puro, y yo con los huesos roídos por la desesperación impotente.
    Hice todo lo que pude: te até el cabello, recé contigo, besé tu frente, te fotografié y acaricié con tu sonrisa el buró vacío. Resignada, tomé noción del verdadero trabajo del segundero. Te metí en la tina y buceé a tu lado, entre algas y corales de fantasía y las esquirlas de color flotando en la superficie. Tu pulso se hacía espuma de mar, vuelo de gaviota, huella en la arena. Alguien me robaba tu mirada y la voz. Adiós, mamá, pensé a los gritos.

      • Contrario a lo que (se) esperaba, la foto me inspiró una despedida desabrida. Y sí, hay muchas cosas que no se dicen, como en la cotidianeidad. Un abrazo, Ana. ¡Gracias!

      • Rosy, no puedo responder tu comentario. Te escribo desde esta ochava, si te parece. Es impagable leer tu comentario, es una caricia gigante para mis labios y mi corazón. Me alegra muchísimo que te haya gustado. No suelo tocar temáticas como ésta (que soy tan monótona), pero hoy afloraron las canas y el ocaso de la vida. Muchas, muchas, muchas gracias por tus palabras. Gracias por compartirlas.

      • Gracias por tu BRAVO, tRamos. Eso es mucho para mí, me hace muy feliz. Un abrazo, y gracias por compartir tu opinión conmigo.

  13. ¡DESPIERTA!

    Llego a casa antes de lo previsto. Entro en la habitación, les pillo durmiendo en la cama… me deslizo dentro.
    Me pego a su cuerpo, me besa en la nuca. Un estremecido movimiento me delata. Su mano me descubre, despacio, se recrea en mi pecho, voy a desmayarme… desconocía que unas manos pudieran guardar tanto placer. Se detienen. Me doy la vuelta.
    -¿Dónde está?.
    -¡Quién!.
    -Ella, ¡dónde está!
    -Acércate anda, estabas soñando.
    -No me toques.
    -Pero si era una pesadilla, un sueño.
    Salgo de la cama.
    No, no era un sueño…
    ¡ya he despertado!.

    Rosy

  14. COLORIMETRÍA
    Al principio fue azul, el color de su mirada líquida. Después fue amarillo y verde, como las tardes de verano paseando juntas por el parque. Más tarde todo fue rojo, pura pasión. Llegaron el naranja de los atardeceres que cimentaron nuestro amor y el rosa, el del cristal con que miramos juntas la vida desde ese momento. Pero tropezamos con el negro de una piel brillante. Y mi vida se volvió gris, mientras la de ella, volvió al azul.

  15. Juegos de niñas

    Jugábamos en la bañera, como cada sábado por la tarde desde que yo recuerdo. Siempre en la bañera de tu casa, que era más grande. Yo traía mis aparejos de playa: pala, cubo y rastrillo; como lo poníamos todo de agua, nuestras madres siempre nos reñían por eso. Cuando nos cansábamos de jugar en la superficie, nos sumergíamos en busca de tesoros, apostando a quién aguantaba más bajo el agua. Aquella tarde al sacar, siempre a la vez, la cabeza, nos vimos raras, diferentes. Entre la espuma flotaba una sensación extraña, amenazante y separadora, como de algo sucio que no lograba entender, que transportada por el vaho pintaba de mensajes los espejos, la mampara, el cristal de la ventana. Saliste del agua, me miraste un instante inmóvil y, tan resuelta como siempre, abriste un hueco en el muro recién construido por donde escaparon todo el vapor y los viejos juegos.

  16. Última imagen

    Poco a poco te vas deslizando fuera de este mundo y no sientes nada, solo esa dulce somnolencia que se va apoderando de tu cuerpo. Has cerrado los ojos pero alcanzas a notar como viene ella, se hunde a tu lado. Te envuelve con su abrazo frío, tanto como el agua que os rodea, teñida con su aura de negritud y tu sangre. La última imagen que te llevas es el acero de su mirada, del mismo color que la navaja que reposa al lado de la bañera.

  17. SUICIDIO
    Siente que la vida aprisiona su cuerpo, le tortura. Navega en un mar oscuro en el que flota perdida, no vislumbra una playa de esperanza en su horizonte. Entonces escucha la voz que se ofrece guiarla en su camino, le dice que abra una ventana por sus venas para que la muerte pueda entrar y la acoja entre sus brazos.

  18. COEXISTIR

    Absorbo: – tus pesares, luchas, contradicciones,
    anhelos frustrados.

    Oigo : – tu espíritu ahora libre.

    Veo : – tus sueños y deseos, objetivos
    individuales y conjuntos, adhesión a
    causas justas.

    Aquí estoy, soy Tú
    el Yo, que te cobija
    y te ama.

    Reconóceme,
    aunque sea en sueños.

    Despertarás dispuesta
    y con firmeza.

    El resto del día
    hasta tu vuelta
    depende del amalgama
    de las dos.

    Recuérdame
    cuando amanezcas
    y busques las fuerzas

  19. Juegos

    Sé que no aprobabas lo que hacíamos, pero adorabas vernos juntas. Sobre todo cuando Anie cerraba los ojos y parecía levitar en éxtasis, entre mis brazos. Lo sé porque te observaba y en tu mirada encontraba el ardor del deseo; con los ojos bebías la miel de nuestros labios, perseguías el baile de nuestros cuerpos, lamías el sudor de nuestras pieles erizadas y nos acariciabas con ellos más que nuestras propias manos; incluso cuando yacía sobre Anie podía sentir tu mirada quemándome la espalda. Nos mirabas y nos deseabas y ahí estaba el juego: prohibido tocar, era la única regla. Te liberabas de la ropa y te arrodillabas para mirarnos más de cerca. Tu virilidad explotaba y ansiaba reunirse con nosotras pero tú se lo negabas un poco más. Y cuando ambas estábamos a punto de romper el cielo, nos separabas bruscamente y siempre elegías a Anie para llenarla con el fruto de tu placer, mientras yo suplicaba a vuestro alrededor como una esclava repudiada. Siempre preferiste los ojos cerrados de Annie salvo aquella noche, tras los juegos en la bañera, en que te ofrecí el cuerpo sin vida de la diosa y tú me tomaste por primera vez, abandonándola a ella.

  20. EN EL BAÑO

    Las observé bien. No eran dos sirenas encalladas en la bañera, aunque parecieran llevar consigo el mar azul. No. Eran dos monstruos bellísimos. Lo supe porque entre ambas sumaban veinte dedos en sus pies velludos, y lucían colmillos prominentes cuando sonreían.
    Dudaba si quedarme o salir huyendo del baño, cuando me agarraron con sus largos brazos estirados como chicle de fresa, y me sumergieron junto a ellas en el agua.
    Y aún sigo aquí. He de reconocer que no lo paso nada mal, aunque quizás estamos un poquito apretados de espacio…
    Es por esa costumbre mía de compartir siempre lo bueno con los amigos.

  21. Hemos llevado nuestra pesadilla demasiado lejos y nuestras lágrimas no cesan de parir charcos negros como sombras. Solo nos queda abrazarnos, mirarte y esperar que te decidas a pintar lo negro de blanco, porque queremos ser como tú: felices.

  22. SECRETOS AL DESCUBIERTO
    A la pequeña le llegó el momento de explicarle la realidad. Primero sería su madre la que en la bañera compartiría el secreto de lo que les sucede con el contacto con el agua, que les crece una cola de sirena. Menos dulce será lo mío, que con la Luna llena nos transformamos en hombres lobo.

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