Viernes creativo: escribe una historia

Nirav Patel es un fotógrafo especializado en bodas y esta es una de sus fotografías. ¿Cómo creéis que será la boda de esta chica? ¿O quizás ha huido de ella? Si te apetece, puedes contárnoslo.

©Nirav Patel

 

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17 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Me estreno por aquí.

    Tras el cristal empañado escudriña entre la espesura del bosque aledaño, atenta a cualquier movimiento.
    La impaciencia transita su cuerpo si apenas dejar hueco a la emoción previa al encuentro.
    Cada poco, revisa el reloj de pared que parece haberse ralentizado por momentos.
    Se repliega sobre sí misma intentado contener la amalgama de sentimientos que la embargan pero su pierna no cesa de percutir el piso.
    Saca el móvil del bolsillo y consulta en él la hora. Las yemas de sus dedos no terminan de entrar en calor.
    Lleva dos horas esperando.

  2. La lógica del viento

    Se lo susurró al oído. Con la suavidad de una brisa y la violencia propia de la despedida. En ese momento sintió todas las arrugas compactándose al unísono desde dentro. La profundidad de la que emergía su tristeza fue capaz de modificar el entorno. Incluso de borrarlo. Allí sentada, vio como el resto de los figurantes fueron difuminándose uno a uno hasta desaparecer; hasta arrinconarla contra el más absoluto vacío. Pero la corriente de aire proveniente de la puerta aún sin cerrar le recordó que nunca estaría completamente sola, y que siempre habría alguien dispuesto a revolverle el pelo.

    Sucede

  3. EXTRANJERÍA

    Sillas, mesas vacías;
    a tu lado, nadie;
    ni siquiera el calor
    de un café.
    Precipicios de Nada.
    Y el cristal de la ventana
    es un paso fronterizo
    que atrae, poderosamente,
    tu atención, tu intención.
    Te cautiva la oquedad
    de ese otro lado;
    y mientras,
    la fuerza irresistible
    que te arrastra
    hacia afuera,
    hace también el vacío
    en tu interior.
    Has saltado, al final, tu valla
    y sabes que, ahora,
    no eres más
    que otra indocumentada
    vagando en el país
    Soledad.

    http://www.pulgacroft.blogspot.com

  4. Alguien, que debió de surgir de entre la neblina, me hizo esta foto y la dejó en silencio sobre la mesa. ¿Revela inquietud mi postura? ¿Nerviosismo? ¿Miedo? Han pasado varios años y todavía la sigo estudiando para descifrar lo que sentía en aquellos momentos. Mis manos en los bolsillos y las piernas cruzadas no denotan que tuviera prisa por abandonar el lugar. No puedo observar mi rostro, ni mi mirada, aunque presiento que tengo la vista clavada en un sitio concreto, quizás en un camino, en una senda que se vislumbra entre los árboles opacos. El pelo revuelto y húmedo como si hubiera acabado de llegar corriendo. ¿Huía, acaso? ¿De ti? ¿De mí?
    Escondo la foto cuando al escuchar tus pisadas cercanas. Tirito como si una densa bruma me envolviera. Clavas tus ojos en los míos, sonríes de una manera extraña. Me acaricias el rostro. Murmuras algo y te vas. Saco de nuevo la foto. La miro, sin dejar de preguntarme quién es ella.

  5. LA OTRA

    El tiempo no acompaña demasiado para una boda en la playa, pero ella se debe haber empeñado. El viento juega revoltoso; levanta faldas, roba sombreros y excita a las señoras, que no saben qué sujetar primero: tocado o vestido, peinado o enagua. Desde mi ventana observo la escena y conjuro el desastre; un tanga queda al descubierto. Eolo, uno; damas de honor, cero.
    Las risas y los gritos inundan la arena, perturban la ceremonia perfecta; al cura se le escapa la risa y la novia, pobrecilla, llora cobijada en los brazos maternos. Al fin, se desatan las nubes y lloran también, pero por otra.
    Luis está muy guapo. Mira hacia aquí, con el ceño fruncido. Seguro que ha adivinado…
    No debió escoger nuestra playa. No debió elegirla a ella.

    http://relatsdearena.blogspot.com.es/

  6. Religión

    No era necesario un casamiento por Iglesia. Era suficiente con el civil. Tampoco consideró apropiado usar ropas costosas. Su matrimonio sería algo sencillo, a escala humana, en un lugar apartado de la civilización.
    Lo que no era a escala humana era el imponente paisaje que divisaba a través de la ventana. Estar contemplándolo resultaba una experiencia religiosa.

  7. En el último momento

    El vestido permanece tirado en el suelo. Las flores marchitas sobre la cama, y él apoyado en el marco de la puerta con el saco de basura de la mano. Tenía que haber aceptado cuando su madre y su hermana le propusieron recoger todo aquel desastre para evitarle sufrimiento. Pero él quería sufrir hasta encontrar el sentido a su huída. Sólo se recordaba esperando a la puerta de la iglesia y con la decepción pintada en la cara. ¿Cómo era posible que Ana, su Ana, el amor de su vida, se hubiese arrepentido en el último momento? Bajó la mirada al suelo, apago la luz del cuarto, y cerró la puerta.
    En el otro extremo del país, Ana, se preguntaba si había tomado la mejor decisión. Sí, se dijo, es lo mejor. Y siguió tomandose el café mientras bajaba la niebla al otro lado del cristal.

  8. SEDUCCIÓN

    ©Nirav Patel

    Sé que no vendrás… Ayer con tus manos entre las mías, lo supe.

    Las historias comienzan de la forma más extraña, tu sonrisa cautivó mi mirada nada más verte llegar.

    Tomaste asiento junto a mí y al comenzar a hablar comprendimos que ahí no terminaría la noche. Nos tomamos unos mojitos y tras la charla salimos. Mi casa quedaba lejos y las prisas nos impidieron buscar algún motel, en el portón más cercano nos abrazamos, nuestros fríos cuerpos entraron rápidamente en calor; no había tiempo antes del alba, tras mirarnos largamente me pediste un favor. Al principio no entendí, tu voz tan tenue se perdió en la noche, intenté preguntar pero me fue imposible, tenía el cuerpo entumecido y la boca abotargada, el frío pensé, seguro que es eso, el frío. Tomaste mis manos, las besaste y comenzaste a andar alejándote en la niebla. Tus palabras se dibujaban en mi cabeza, tus labios las repetían hasta la saciedad, mañana, mañana, dijiste.

    Ese motivo me ha traído hoy aquí, sentada junto a la ventana espero tu llegada. Transcurren las horas y me miro las manos, no me había fijado antes, pero en ellas hay algo dibujado, algo como un corazón, pero no lo es, son unas iniciales entrelazadas. Busco su significado en la Web, hoy es difícil que algo permanezca oculto mucho tiempo, sonrío al encontrar el dibujo durante sólo un segundo, después comprendo que nada de lo sucedido fue casual. Se abre la puerta y entran unos tipos que sin mediar palabra me sujetan por los brazos. Me dicen que pertenezco a su red, intento defenderme, ponen algo en mi boca, sabe a ti. Les sigo entumecida y abotargada.

  9. Luna de miel

    «Y nos iremos de viaje a las montañas rocosas», fueron tus últimas palabras antes de desaparecer para siempre. No necesité coger un vuelo para que todo tuviera pinchos y aristas, para que hiciera un frío de madrugada y el aire echara a correr sin abrir las ventanas. Yo ya solo supe esperar vestida con tu vieja cazadora, la mirada clavada en el pasado y el viento despeinando los últimos sueños de miel.

  10. La decisión

    Miró a través del cristal al mismo tiempo que lo hacia en su interior y se preguntaba si quería pasar el resto de su vida con ese hombre. Lo conocía de siempre y el final había sido ese, la petición de matrimonio. Y pensó en que no había vivido y pensó que no…no quería pasar el resto de sus días prisionera de esa relación.
    Así que siguió sentada en el viejo café, mirando por la ventana y…sonriendo. Había tomado su decisión.

  11. CASI

    Querido casi esposo:
    Estoy en un tugurio rodeado de montañas desconocidas, donde el amanecer, a pesar de la cálida decoración en madera del local, es frío, sobre todo con las ventanas abiertas.
    Aún no me he lavado la cara, precisamente hoy que debería estar empolvando mi cutis con suaves productos aromatizados. No huelo precisamente a jazmín ni he usado la peineta plateada que compramos para recogerme el pelo. He desayunado güisqui y huevos fritos, me apetecía tras esta noche interminable. He dejado la dieta, como supondrás.
    Sé que estarás herido, sé que no me perdonaras, sé que he sido cruel. Lo sé, pero no quiero comenzar esta nueva etapa sospechando que no soy la diana de tus deseos, que hay alguien por cuya piel quieres despeñarte, y que no soy yo (he espiado tu móvil, lo siento, me parecerá bien si me llamas hija de puta).
    Puedes quedarte con todo, con tus cosas, con las mías y con las que iban a ser de nosotros. Eso sí, no busques las ligas, ahora están en poder de un lujurioso y fornido desconocido de las montañas, al que ya he olvidado porque ahora en mi cabeza sólo caben precipicios y frío.
    Supongo que echaré de menos tus cálidos abrazos en las noches frías que me esperan, o quizás no. No sé.

    Fdº: La otra.

  12. Vuelvo a publicar un par de cosillas corregidas

    CASI

    Querido casi esposo:
    Estoy en un tugurio rodeado de montañas desconocidas, donde el amanecer, a pesar de la cálida decoración en madera del local, es frío, sobre todo con las ventanas abiertas.
    Aún no me he lavado la cara, precisamente hoy que debería estar empolvando mi cutis con suaves productos aromatizados. No huelo precisamente a jazmín ni he usado la peineta plateada que compramos para recogerme el pelo. He desayunado güisqui y huevos fritos, me apetecía tras esta noche interminable. He dejado la dieta, como supondrás.
    Sé que estarás herido, sé que no me perdonarás, sé que he sido cruel. Lo sé, pero no quiero comenzar esta nueva etapa sospechando que no soy la diana de tus deseos, que hay alguien por cuya piel quieres despeñarte, y que no soy yo (he espiado tu móvil, lo siento, me parecerá bien si me llamas hija de puta).
    Puedes quedarte con todo, con tus cosas, con las mías y con las que iban a ser de nosotros. Eso sí, no busques las ligas, ahora están en poder de un lujurioso y fornido desconocido de las montañas, al que ya he olvidado porque ahora en mi cabeza sólo caben precipicios y frío.
    Supongo que echaré de menos tus cálidos abrazos en las noches glaciales que me esperan, o quizás no. No sé.

    Fdº: La otra.

  13. Cerramos a las diez
    –¿Quieres algo, bonita?
    –Eh, no.
    –¿Un café? ¿Un refresco?
    –No, no. Gracias.
    –Esperas a alguien.
    –No es asunto suyo.
    –Está bien, bonita. Si te quedas ahí sentada durante mucho tiempo, seguro que acaba apareciendo alguien.
    –Sí, seguro.
    –Vamos. Te voy a invitar a un refresco.
    –No. Le he dicho que no.
    –Si alguien te ve aquí sentada sin beber nada, va a pensar que esto no es un bar.
    –Bueno, está bien. Traiga un té. Pero yo se lo pagaré.
    –¡Demonios! ¡Un té! Hace años que nadie toma un té. No sé si tenemos.
    –Entonces, un café.
    –Eso sí que puedo traértelo. ¿Algo más?
    –No, nada.
    –Nuestra cocinera hace unos pasteles muy solicitados.
    –No quiero privar del placer de comerlo a alguno de los palurdos que hay por aquí.
    –Eh, bonita, te estás pasando. Vale. Quédate ahí sentada. Seguro que acaba llegando el príncipe azul o la princesa azul o quienquiera que estés esperando… Pero te aviso que cerramos a las diez.

  14. Claudia mira por el cristal, ansía ver aparecer a Paul, pero llega tarde como siempre. Tan despistado, tan enganchado a su trabajo, estará en la redacción, dando las últimas trazadas a aquel dibujo imposible. Aquellas caricaturas que le gustan tanto pintar. Queda un mes para la boda, pero han decidido hacer unas fotos previas para las invitaciones. El mejor fotógrafo, todo está organizado, todo cuidado al detalle, Paul le concede a Claudia su boda de ensueño. Por todas aquellas noches de espera, tantas horas invertidas en aquella revista, en su pasión. Claudia llama al móvil sin obtener respuesta. El fotógrafo se impacienta, ella también. ¿Dónde estará?
    En el bar de al lado, se escucha la televisión. Parece que algo ha sucedido. Claudia y el fotógrafo entran y ella inmóvil mira el televisor. ¿Por qué hay una foto de Paul en la pantalla?…
    (Mi pequeño y humilde homenaje. DEP)

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