Viernes creativo: escribe una historia

Llega el invierno y las largas tardes junto a la chimenea. ¿Qué te inspira este montaje de la fotógrafa polaca Weronika Gesicka?

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Weronika Gesicka

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19 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Fidelidad

    Cuando viajabas los fines de semana a cuidar a tu madre y yo me quedaba en la casa de la sierra, te aseguro, cariño, que solo pensaba en ti. Que alguna vez bajé al pueblo a por leña o víveres, que quizás allí paré en el bar un rato y me tomé una o dos copas y se hizo de noche y que entonces las mujeres sonreían mucho y yo te veía a ti en todas. Así que nunca me importó cuál me acompañara, cuál llenara el coche con su cháchara. La única condición era que, al llegar, se sentara en el borde de la chimenea para que la luz de las llamas no iluminara su cara. Para poder estar contigo y no sentirme tan solo, amor. Solo por eso.

  2. Amor enfermo

    Mira cariño, te he comprado un regalo. ¿Te gusta? Claro que te gusta, ¿cómo no iba a gustarte? Te lo he comprado yo que te adoro, que te quiero y por eso eres solo mía.
    Mira cariño, es muy fácil. Tienes que ponértela en la cara y no quitártela jamás.

    Mira qué bonita te ves cariño, siempre sonriendo para que tu hombre esté contento. Callada y sonriente, que es como te quiero.

    Shhhh, no hables. Póntela y dejaré que te levantes. Póntela y te alejaré del fuego.

    ¿Ves cariño? Lo afortunada que eres de tenerme, lo bien que te cuido.

    ¡Qué te calles, joder! ¡Con los putos gimoteos! Ya has destrozado el momento. No te mereces que te trate bien. Eres tú la que me obliga a hacer cosas que no quiero. ¡Ponte la puta máscara! O sonríes o te tiro al fuego…

    25 nov. Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
    SI TE TRATA MAL, NO TE QUIERE.
    #Niunamenos

  3. Golpeada la ventana de mi memoria por recuerdos, antes alegres y rotundos, ahora, apenas gemidos lacerantes, intento cerrarla para volver a ser yo mismo. Veo tu imagen sonriente, con aquel jersey rosa que tanto te gustaba, sentada con gracia ante la vieja chimenea; sin embargo, cuando quiero asirla, se desvanece. Es entonces cuando maldigo haberte conocido, quererte como te quise. Si supiera que el dolor de tu ausencia iba a habitar permanentemente en mí, jamás te hubiese dejado entrar. Ninguna risa volverá a arrebatarme el alma. Cuando escuche alguna que se pueda parecer remotamente a la tuya, tapiaré mis oídos y mis ojos. Tu hechizo se desvanecerá y emprenderé el final de mi camino en paz.

  4. NI UNA MÁS

    Así me gusta siempre sonriente, siempre dispuesta a complacer a tu señor. Tú lo ves como así estamos mejor, si es que me provocas y me haces enfadar, con lo poco que te cuesta ponerme buena cara, ya sabes que yo no quiero pero no me queda más remedio. Pero ahora los dos juntos al lado del fuego disfrutaremos de una noche perfecta de amor ¿verdad cariño mío?
    Ella bajo esa máscara de porcelana sigue llorando, sus lágrimas se derraman surcando los moratones de su cara, al tiempo que siente en su espalda el filo del cuchillo con el cual él la amenaza con matarla todas las noches…
    Hoy a mi relato no le voy a poner final, o quizá sí, se lo pondrás tú que lo estás leyendo. Esta historia ficticia salida de mi imaginación es tan real que no he tenido que pensar mucho para escribirla.
    Esta situación la viven muchas mujeres cada día y entre todos debemos acabar con estos maltratadores y asesinos, no podemos mirar hacia otro lado, ellas nos necesitan, el miedo las atenaza, y muchas veces la necesidad y los hijos les hace permanecer en ese infierno sin atreverse a actuar.
    No las podemos dejar solas, desde aquí animo a denunciar, a llamar al 016, a actuar, ya que mientras no lo hagamos, cada muerte, cada víctima de maltrato pesará sobre nuestras conciencias.

  5. EL VENTRÍLOCUO

    Marco, el ventrílocuo, era todo un personaje en el barrio. Sus espectáculos de los viernes en el café Ginebra, eran los más esperados por la comunidad. Guapo, simpático, y con una más que cultivada elegancia, no había reto que no superase ni mujer que se propusiese conquistar que no cayese bajo su influjo. Ante mis recién cumplidos dieciocho años, Marco se erguía como un auténtico ídolo al que venerar, por lo que, cuando aquel frío viernes de finales de los noventa me invitó a tomar café en su casa después de compartir bromas y ocurrencias después de su actuación, no me lo pensé dos veces.

    Su casa estaba decorada con muy buen gusto y en la sala la chimenea estaba prendida. Yo me senté junto al fuego para calentarme las manos y fue entonces cuando empezó a llamarme por un nombre que no era el mío, al tiempo que se me acercaba con una extraña máscara y rompía en disculpas por haberme desfigurado el rostro.

  6. Taxidermista

    Siempre fue su marioneta, incluso muerta. Obligándola a reír cuando le pegaba – “¡Solo fue una vez!”, “Muchas veces me sacas de quicio”, “¡Es que tienes un comportamiento!”, “Es tu culpa, tú me vuelves agresivo”- Obligándola a fingir mientras la violaba– “El sexo es la base de toda pareja”, “Siempre con el cuento de que te duele la cabeza”, “Venga, que tú también lo vas a disfrutar”, “¡Cierra la boca y abre las piernas” – Obligándole a escuchar sus mofas frente a sus amistades – “¿Os he contado lo que hizo el otro día?”, “Es que es tonta y no llega a más”, “Cariño, estás segura de comerte eso. Ya sabes que te sobran un par de quilos”, “¿Volver a estudiar? ¿Para qué? ¿Quién te va a contratar a ti?”- Obligándola a educar sola a sus hijos, a hacer las tareas del hogar, a cuidar a sus suegros, dejar su empleo, a operarse por él, reduciendo su autoestima, a quedarse sin amistades, aislándola, quedándose sola – “Mentira, me tiene a mí… y eso es lo que importa”- convencida por las palabras de un hombre que dijo amarle, mientras le temía, al que quiso cuidar, mientras le agredía, al que quiso ayudar, mientras la sometía, al que quiso cambiar, y él, la mató.

    25 de Noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
    #Niunamenos

  7. ¡NUNCA MÁS!

    Sentados junto a la chimenea, el crepitar del fuego y esa penumbra en rojo que ilumina el salón. Me abrazas sonriendo y esperas que la máscara permanente, en que has convertido mi rostro, te sonría con admiración y amor.

    ¡Pues no, te equivocas! Ha llegado el momento de poner fin a esta farsa, de mostrar públicamente mis heridas y que el infierno en el que vivo termine.

    Tú no eres mi dueño, no eres nada más que un cobarde, que necesitas dominarme para que no me marche de tu lado, para que no descubra que no mereces la pena.

    ¡Nunca más me harás daño! He dejado de tenerte miedo, de amarte, de sentir dolor.

    ¡Ahora soy libre, ahora soy yo!

  8. Morir de amor

    Aquella tarde, como tanta otras, podría haber sido perfecta. La chimenea encendida; tú y yo solos, al lado; yo tan enamorado -sólo tienes que ver como te miro; tu tan bonita, dulce y sonriente.

    Pero no, puta asquerosa! Como siempre, lo tenías que estropear!

    Ya me dirás que te costaba ser una mujer normal y mostrarme el amor y el respeto que merecía; yo que te quería como nadie te había querido nunca. Tampoco pedía tanto!

    ¿Que no había estado yo trabajando todo el día mientras tu jugabas a cocinitas y casitas? Y no me vengas ahora con que esto tambien es trabajar y que estas cansada o que no te ha dado tiempo.
    Ya querría yo saber donde perdías el tiempo! Seguro que salías a hacerte mirar con esa falda que te tengo dicho que no te pongas.

    Pues ya no lo harás más! Y la culpa es sólo tuya; me has obligado. A ver si sales ahora a enseñar palmito con esta cara quemada. Suerte tienes que yo te quiero igualmente.

    Va, ponte la máscara y sé buena conmigo, que te quiero como nadie te querrá nunca.

    Detrás de la máscara, el rostro inerte de ella había enmudecido y su cuerpo sin vida amenazaba con perder la compostura.
    Morir de amor no había sido exactamente como ella soñaba cuando es enamoró.

    #Niunamenys #EnsVolemVives #EnsVolemLliures

    Pilar
    (el podeu llegir en català al meu blog Univers madur

  9. Pasado

    “Mundano, culto y amante del surrealismo busca mujer con buena mano con las orquídeas, inteligente y discreta”, Fabiola contestó ilusionada al anuncio del periódico. Dos días después se consumó la cita en una cafetería frente al mar. Hubo miradas de atracción. Sonrisas cohibidas. Preguntas íntimas. Física y química. ¡Qué fácil es volverse a enamorar! Al principio, Fidel —así se llamaba él—le susurraba Linda, le regalaba vestidos floreados de otra época, le enviaba a diario postales de viajes inventados, se besaban en cada esquina. Al poco tiempo, Fabiola accedió a ocupar el lado izquierdo de la cama, a cuidar el jardín, a rellenar crucigramas a medias, e incluso, a que la fotografía de boda de Fidel presidiera la chimenea del salón. El amor es así de caprichoso, de ciego, de comprensible. Vivían felices bajo el mismo techo y en armonía hasta que Fabiola le rogó a su hombre que se dejase crecer un bigote fino y le recitase en francés poemas sin sentido. Fidel se negó. Poco tiempo después, Fabiola publicaba un anuncio de contactos con el sobrenombre de Gala.

    • Imagen de la fotógrafa polaca Weronika Gesicka

      VEHEMENTE AMOR DE FOGÓN
      —Hola, Choricito —.
      —Prefiero que me llames, Jamoncito, como antes —.
      —¡Aaaayyy cariño, es que eres tan dulce! —
      —¡Y tú tan poco salado! —
      —Ya sabes que tengo la tensión demasiado alta —.
      —¡Y yo el azúcar por las nubes! —
      —¿ No será del genio, mi algodón de azúcar? —
      —Claro, si haces de mí lo que quieres y me tratas como a una mujer florero —.
      —Sí, cariño, tu cara de maceta a veces me saca de tiesto —.
      —¡¿Y tú, que eres el engendro de las mil caras?! —
      —Tienes toda la razón, entre las mil amantes que tengo, me sangráis —.
      —¡Y tú, confundes impotente con omnipotente! —
      —¡No mezclemos el tocino, con la velocidad! —
      —Es que te corres enseguida, Fichita de Parchís —.
      —No te andes con juegos, que si me pongo en plan Oca, te hincho a picotazos —.
      —¿Y por qué no movemos ficha, y retrocedemos a la casilla de salida? —
      —Mejor dejemos este juego de amor sin sentido, que el cero, en la nada, no conduce parte alguna —.

  10. TELEADICTOS
    En su perfil, él indicaba que quería una mujer tan guapa como Eva González, tan divertida como Ana Morgade, tan buena cocinera como Samantha Vallejo-Nágera, tan seria como Ángeles Blanco, tan elegante como Susanna Griso, tan alocada como Mercedes Milá, tan tranquila como Anne Igartiburu. En mi perfil, yo pedía simplemente un hombre como Vicente Vallés.
    Teníamos, al menos, algo en común: a los dos nos gustaba pasar horas y horas delante del televisor.

  11. Heridas de amor

    La escena era tan perfecta que no parecía real. Un fotograma cándido y almibarado de aquellos melodramas tan de moda en los años cincuenta, tan trágicos y románticos, que a los dos nos cautivaban sin remedio (sí, también a mí, lo reconozco, aunque siempre renegara un poco cuando tú elegías la película e inútilmente -bien lo sé- tratara de mantener mi pose de tipo duro e insensible): la cabaña de madera, acogedora y cálida como un cuento infantil; el alegre crepitar de las llamas en la chimenea; la nieve luminosa, mágica y bella, cómplice al otro lado del cristal aislándonos lentamente del mundo; tú y yo… Sombras del pasado que asaltan mis noches. Duele tu recuerdo hace mucho tiempo ya convertido en nostalgia, duele mi soledad y la infinita tristeza que, desde que tú no estás, habita mi alma aunque a veces -sólo a veces- por un momento casi crea poder de nuevo alcanzarte. Apareces entonces frente a mí; el aroma de tu perfume -eco lejano de otro tiempo- irremediablemente me hipnotiza; extiendo hacia ti mis manos; intento rozar tu rostro, en mi memoria para siempre detenido… y, de golpe, en humo te desvaneces. Sueño contigo y el mundo un instante se ilumina. Insoportable desconsuelo al despertar. Sucedió que soñé que sonreías. Sucedió que en sueños fui feliz.

  12. Todos los inviernos

    Antes.
    Todas las chicas eran la misma chica. Tenían idénticas sonrisas, tipos parecidos. Reían mis gracias al pie de la chimenea, comíamos juntos a la luz de las velas. Bebíamos vino hasta que sobraba toda la ropa. Cambiaban sus nombres, claro, y algunas hablaban con acento melancólico del norte. Otras, con la calidez de las lenguas del sur. Pero con el tiempo cualquier entonación acababa volviéndose monocorde, los botones de las blusas eran réplicas exactas de los anteriores y todas contestaban cuando les llamaba Eva. Cualquier historia terminaba por convertirse en la síntesis de las precedentes. Por eso ahora, solo puedo recordar de ellas un nombre, una sonrisa, una voz y una falda.

    Ahora.
    No siempre está la chimenea encendida y ya no hacen gracia los chistes viejos. La mujer que a veces enciende la lumbre, no siempre la apaga. Dice llamarse por un solo nombre, pero podría tener muchos. Uno para las sonrisas, otro para los enfados, un tercero para la tristeza. Hasta un cuarto para la indiferencia. Habla con todas las expresiones típicas de un pueblo cercano al mío, con sus giros y dejes característicos. Sin embargo, a ratos, su voz me suena a canción celta, a fado, o al maullido inquietante de una gata en celo. De un tiempo a esta parte, la misma historia la puedo contar de muchas maneras y no encuentro la forma de desabrochar las camisas.

  13. EL ANHELO

    El último fin de semana de cada mes me llevaba a su cabaña. Al llegar, llenábamos la nevera con lo que cada uno había cogido de la suya y encendíamos la chimenea. Luego nos cambiábamos, jugábamos a transformarnos en Montgomery Clift y Judy Garland. Con diálogos improvisados, fingíamos que éramos una camarera y su cliente o jóvenes estudiantes que acaban de conocerse en una fiesta. Entonces, mientras él adoptaba una actitud audaz y galante yo representaba mi personaje con una timidez sobreactuada que desataba su lujuria. Era brutalmente adictivo.
    Pero los sábados de pasión siempre daban paso a domingos glaciales en los que volvíamos a nuestras rutinas envueltos en el silencio espeso de su coche gris, gris como yo, que le miraba de reojo durante el trayecto intentando adivinar si recordaba que mis huesos seguían allí.
    Un día, sin previo aviso, nuestra historia terminó con una sola frase en mi guasap. Se cansó de interpretar a “partenanaires” modositos de cárdigan y pelo engominado. Pero sobretodo, dijo fulminándome sin piedad, se había hartado de que todos los personajes femeninos tuvieran la misma cara, la mía.

  14. SONRÍA, POR FAVOR

    Este señor, como es tan moderno y siempre está a la última, se ha ido de “Black Friday” a un centro comercial y se ha comprado una chimenea de ladrillo visto, un par de troncos de los que arden solos con un simple clic, un palo metálico, una señorita de finales de los años 70 (Se llama Peggy Sue, por supuesto) que lleva no se sabe muy bien qué en una mano y, por fin, una careta de otra señorita que sonríe (Tampoco se sabe muy bien porqué) Al mes que viene le llegará la factura de sus compras y entonces se le borrará esa expresión de plena felicidad. A él, claro, porque tanto Peggy Sue como la careta seguirán igual de felices: son de esa clase de personas a las que les resulta tan poco sonreír…

  15. PINTURA DE PLÁSTICO

    La máscara de los viernes la bordaba con un recelo de sonrisas, la de los sábados con miradas temerosas. El domingo, al alba, las sábanas la cubrían, fatigada, ante tantas horas de hastiada lujuria y castigo.
    Los lunes se mostraba fría, entre las sartenes y carecolas requemadas por descuido. Los martes escondía, entre las gafas y la rancia melena que aún le quedaba, los cardenales que supuraban alcohol entre el plástico que la separaba de su realidad más cercana. Los miércoles le pintaba los labios de rojo para ir al mercado. Los jueves enjuagaba el rastro de llanto y descansaba, en su ausencia, de tanta opresión y desprecio.

    Y otra vez los viernes, tras la resaca y la indulgencia, le dibujaba esa falsa sonrisa que a él le volvía loco y que ella odiaba cada día de su maltrecha vida.

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