Viernes creativo: escribe una historia

Con esta fotografía de Ron Dillon, una de las ganadoras del Concurso Best Engagement Photos 2017, os podéis inspirar para escribir.

ron Dillon

Ron Dillon

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20 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Quiero bailar contigo, amor. Danzar y danzar el baile imperfecto de dos cojos en un mundo de tuertos. Volar, entrelazados, con coreografías inventadas, llenas de savia y armonía. La cadencia de nuestro compás asombrará al mundo, sí, no lo dudes. Algunos nos mirarán, con una mezcla de placer y envidia; otros, nos despreciarán y seguirán su camino. Mientras, nuestro baile seguirá girando, con vueltas y vueltas interminables y nuestros labios se unirán y se separarán, al son de la bella melodía encadenada. No existirá un final, porque la música está dentro de nosotros, forever and ever.

  2. — ¿Quieres?
    — Sí, quiero.
    — Pero, ¿seguro, seguro que quieres?
    — Claro que quiero, ¿por qué, si no, me habría dejado convencer para esto?
    — Claro, bueno… Entonces, escucha. No eres tú, soy yo. Que, en realidad, no quiero. Monté esto para ver si así conseguía convencerte. Pero no. Es que no quiero. Es que no te quiero. No como tú quieres que te quiera.
    — No te entiendo. ¿Me estás dejando en el momento de la pedida, colgadas boca abajo, con la sangre en cualquier sitio menos donde debe estar? ¿Me dejas así, tal cual, sin explicaciones? ¿Cómo que no me quieres como quiero que me quieran? ¿Qué mierda de copla o de bolero es esa? ¿Estás tonta? ¿Tantos meses entrenando para hoy y al final, esto? ¿Quién es la otra? ¿O el otro? ¿No te habrás enamorado de él, que ya nos prometimos las dos que nada de hombros de hombre sobre los que llorar? ¿Por qué no me explicas algo más? ¿Por qué no hablas? ¿Por qué? ¿Por qué?
    — Es mejor que sea una despedida.

  3. ACROBACIAS DE AMOR

    Se acabó jugar al escondite contigo. Ya no quiero, sonrisas clandestinas, ni un adiós más, ni un después…
    Deseo, miradas de piel con piel, caricias bañadas en espuma de mar y, besos que griten te quiero al despertar.
    Tan solo anhelo volar juntas cogidas de la mano… y sin red.

  4. Telas

    No lo había planeado. ¿Cómo se planean esas cosas? Mi vida estaba organizada como había soñado desde niña. Casada con el novio del instituto, ni un desamor o sufrimiento digno de mencionar. Dos niños preciosos. Trabajo en la administración pública y chalecito adosado en una urbanización llena de jardineras y zonas verdes. Se habían ido cumpliendo los planes.

    Aquel espectáculo en el que una mujer hacía una coreografía en una tela. Parecía que volaba. Algo se me metió dentro. Tenía que probarlo.

    Me apunté a un curso por las tardes mientras los chicos tenían las extra escolares. A Carlos, mi marido, le dije que me apuntaba al gimnasio. Él no lo entendería. Durante un tiempo practicamos en el suelo. Agradecí la insistencia de mi madre para hacer gimnasia rítmica de pequeña. Afinaba el cuerpo y otorgaba elegancia decía. Yo se lo agradecí por la elasticidad que todavía tenía. El primer día que subí a la cuerda, la profesora subió conmigo. En el mismo instante en el que nuestros cuerpos se rozaron suspendidos del techo, sentí un escalofrío que me recorrió entera. Su boca, sus pechos. Me excité, de una forma que jamás había hecho. Ni siquiera la noche de los viernes con Carlos, cuando nos tocaba sexo. Ella se dio cuenta, me guiñó un ojo y no he vuelto.

    Tengo pesadillas, no puedo dormir. Sueño con su cuerpo. Yo con una mujer. ¿Qué me está pasando? Tengo que verla, necesito contarle lo que siento. Qué desde que nos colgamos de las cuerdas la deseo…

  5. AMIGAS Y MÁS

    Cuando se abrió el telón, en medio de la algarabía del público, ambas mujeres fijaron, expectantes, su vista en el escenario. Al ritmo de la mítica canción de Mecano, dos siluetas se descolgaron por cada extremo de la sala aproximándose, espalda contra espalda, hasta converger en el centro. Las dos amigas de la infancia, cuyos caminos se habían bifurcado por desavenencias irreconciliables, no pudieron menos de reaccionar ante el golpe de efecto de las equilibristas -sus hijas- quienes, soltándose el cabello se dejaron caer en vertical, sujetándose de un solo pie para agarrarse de las manos y sellar su unión en el aire con un beso, mientras el público coreaba en pie y a voz en grito la canción que ellas representaban: Mujer contra Mujer.

    Manoli VF

  6. ENLAZADAS
    Descubrían movimientos que solo en su mente eran proyectados. Volaban y caían protegidas por un hilo de oro que las tenía suspendidas en el vacío.
    Sus cuerpos enganchados en esa liana se retorcían en bucles imposibles. Subían y bajaban, iban y venían. Se acercaban y se separaban mediando un abrazo o un beso enloquecedor.
    Ambas hadas del amor y la belleza. Ambas cara y cruz de la misma moneda. Ambas ying y yang energías opuestas de un caos universal. Ambas amor y odio, tempestad y calma, arriba y abajo, vida y muerte, gritos y silencios…
    Así dejando volar su fantasía, encerrándose en su hedonismo y sensualidad, se olvidaban del mundo y de sus reglas y, descubrían el placer y el éxtasis elevado a la máxima potencia.

  7. Equilibristas
    Alzamos la pierna derecha. Arqueamos el cuello y dejamos caer el cuerpo bocabajo, sostenidas tan solo por los empeines. Unimos las manos y agitamos las melenas al vacío. Cerramos los puños sobre la cuerda y volteamos el cuerpo. Una y otra vez, buscando la perfecta coordinación del movimiento. Hasta el dolor. Hasta el hartazgo. Hasta el vértigo de sentirnos la imagen repetida de un espejo. Hasta ese empujón, completamente simultáneo, que nos convierte para siempre en dos muñecas rotas.

  8. Pareja, por Luciano Doti

    Tiago y Aldana se conocieron en los ensayos de una murga barrial. Ella le contó que hacía artes circenses; él, por seguirla, se mostró interesado.
    A ella le encantaban las acrobacias aéreas con sogas, y le iba muy bien con eso; formaba una pareja espectacular con una de sus compañeras. Él intentaba aprender malabares, pero las cosas caían al piso sin cesar; lo que estaba camino a aprender es que cuando no hay talento, todo arte se torna difícil.
    En el grupo había otros hombres que sí tenían talento. Aldana era simpática con ellos; Tiago se molestaba.
    Lo que ignoraban tanto Tiago como los talentosos es que Aldana y su pareja de acrobacias ya pergeñaban algo para ellas que los excluía.

  9. Close to me
    Las canciones de The Cure me ponen melancólico y huraño. La garganta se amarga y todo vuelve a oler a dieciséis años, a massimo dutti y cigarro en la puerta del instituto. La música me descubre, de nuevo, que me hubiera gustado conocerte entonces, para que hubieras tenido tiempo de hacer de mí otro yo distinto del que soy, como si la vida no nos hubiera colgado en distantes cuerdas de la tramoya de mundo. Como si ahora, cuando el balanceo de las sogas nos acerca por casualidad, no nos limitásemos a decirnos «¿bien todo? Me alegro».

  10. Alas de mariposa
    Su pasión siempre fue la danza. Bailar para no morir, susurraban sus labios carmesí mientras las lágrimas encadenadas se derramaban por sus eclécticas mejillas. Dorotea volvía un día más agotada tras el último casting. Se arrellanó en el sofá de cuero azabache, necesitaba reconfortarse con un baño de relajante silencio en su mente. Sonó en su smartphone la melodía del Danubio Azul, miró la pantalla, vio reflejado un número huérfano. Descolgó y escucho la voz meliflua de una señorita:
    -¿Dorotea Martínez?
    -Sí, soy yo.
    -Hola buenas tardes, le llamamos del Teatro Real –una arrolladora marea de entusiasmo surgió en su alma, que fue cobrando bravura impulsada por el acelerado remar de los latidos del corazón, hasta llegar a su tez rompiendo contra el malecón de los labios en una gran sonrisa.
    -Dígame, dígame…
    -Le llamábamos para decirle que no ha sido seleccionada en las pruebas que le hemos realizado esta mañana.
    De repente una clámide almidonada de decepción la dejó petrificada sin movimiento, sin apenas poder articular palabra. Para Dorotea, cuando sonaba el teléfono era sinónimo de posibles buenas noticias, era la primera vez que se tomaban la molestia de llamarla para comunicarle que no contaban con ella, en estos casos el silencio solía ser la carta de respuesta.
    Fue aquel nefasto accidente caníbal con su Harley en la M-40, el que devoró en su pierna diestra la pulcritud de la precisión del ritmo sobre las cuerdas del pentagrama. Pero Dorotea no se daba por vencida, siempre había sido una luchadora, siempre se había levantado cuando las rodillas se humillaban, le había costado muchos esfuerzo despedirse de las muletas, que durante seis meses fueron la mano materna que le enseñaron de nuevo a caminar por la vida.
    La volvieron a llamar para otro casting, en esta ocasión danzó en el aire sobre la maroma, sus brazos se tornaron en alas de mariposa. Fue todo un éxito, Dorotea volvió a llorar, mientras en su mente se subían al podium: el trabajo, el esfuerzo y el tesón.
    j. mariano seral

  11. En el psiquiatra.
    -Dígame, qué ve usted en este dibujo?
    -Pues un 6 y un 9.
    -Pero hombre, no sé en que estará pensando!
    -Cuál es la solución, doctor?
    -Es evidente, son dos cisnes desnudos que bailan sobre un lago, en el momento previo a sumergirse en el agua y hacer el amor salvajemente.
    – Ah!, Vale.

  12. Viceversa
    Ana tenía una peca en el omoplato izquierdo y Ada otra idéntica en el derecho. Esas eran todas sus diferencias, según ellas mismas afirmaban. Compartían todo su material genético y muchas cosas más. Sí, también a sus hombres, aunque entonces yo no lo supiera.
    Me enteré de sus singularidades cutáneas el mismo día que decidieron tatuarse un lunar simétrico en sus espaldas. Es un acto simbólico, aseguraron, nada de lo que uno deba preocuparse; pero yo sabía que había algo más allá de la mera diversión de hacerse pasar la una por la otra. Eliminando aquella íntima diferencia pretendían, en realidad, ser cada una la extensión de la otra, sus respectivos complementos. Vivir dos vidas de forma simultánea, o una sola de doble extensión.
    A partir de aquella operación, nadie más las volvió a ver juntas. Es cierto que una de ellas dormía en mi casa y yo jugaba con mis dedos sobre su espalda, tratando de adivinar qué mancha era la falsa, pero ni siquiera así conseguí saber si quien vivía conmigo tenía una ene o una de en el eje de su nombre.
    Tampoco el último día, cuando Ada me dijo que a su hermana le había arrollado un tren y yo le vi su propia muerte en la mirada.

  13. LA DAMA SOMBRA

    La dama sombra es un híbrido de mirlo y rosa halfeti, una especie única. Nace de un huevo tan negro como las plumas de dichos pájaros o esas rosa turcas. Nunca llega a conocer a quien le dio la vida.
    No es capaz de volar sola así que ondula por el bosque hasta encontrar pareja, a la que atrae con sus trinos atávicos y su hechizante perfume. Cuando se encuentran, se obsequian con un nombre una a la otra, porque hasta entonces no necesitaron tenerlo e inventan una melodía que será la suya y que es mezcla de las de ambas. Solo el azar permite verlas planear, etéreas, o cabriolar blandiendo lianas, siempre al atardecer y solo por un instante; ninfas huidizas, espíritus esquivos.
    Se alimentan de varones, de cualquier especie, a los que devoran con ensañamiento por puro instinto, aunque no tengan hambre, y cuantos más aniquilan, más satinado se torna su plumaje y más fragante su aroma.
    Cuando una de las dos muere, la superviviente se despedaza a sí misma, pluma a pluma, pétalo a pétalo, para cubrir a su amada. Se vuelve entonces muy peligrosa porque debe completar su ritual para perpetuar su especie.
    La primavera siguiente, si el destino es amable, descubre que un huevo oscuro y redondo ha brotado, como una seta, de la tumba de sus madres.

  14. MI ESPALDA Y MI VIDA
    Mi primera mujer era contorsionista. Al principio todo fue maravilloso con ella, pero tuve que dejarla: mi espalda no aguantaba más. Precisamente, mis problemas con las cervicales me permitieron conocer a mi segunda mujer, que es fisioterapeuta. Tiene unos dedos mágicos. Ha arreglado mi espalda y mi vida.

  15. AMAR SIN MIEDO

    Unidas por el riesgo, viven pendientes de un hilo. Sincronizados sus corazones laten vibrando a través de sus manos. A fuerza de abrazos en cada acrobacia, de rozar su piel y respirar su boca, cambiaron las miradas y llegaron los besos.
    En silencio se confiesan su amor. Hablan sus cuerpos mientras callan sus labios. Son felices, como en una nube, a varios metros bajo el cielo. Temen que todo cambie cuando se alejen del cielo. Del revés todo parece posible, hasta perder el miedo.
    Entrelazan sus piernas, temblando de emoción durante el descenso, antes de posarse sobre el suelo.

  16. AMAR SIN MIEDO

    Unidas por el riesgo, viven pendientes de un hilo. Sincronizados sus corazones laten vibrando a través de sus manos. A fuerza de abrazos en cada acrobacia, de rozar su piel y respirar su boca, cambiaron las miradas y llegaron los besos.
    En silencio se confiesan su amor. Hablan sus cuerpos mientras callan sus labios. Son felices, como en una nube, a varios metros bajo el cielo. Temen que todo cambie cuando se alejen del sueño. Del revés todo parece posible, hasta perder el miedo.
    Entrelazan sus piernas, temblando de emoción durante el descenso, antes de posarse sobre el suelo.

    Este relato es el correcto. sustituye al enviado hace unos minutos.

  17. LATIDO INVERSO

    La vida sentida del revés resulta de lo más curioso. Te late la cabeza, se aceleran el pulso en los tobillos y las partes secretas se quedan ahí, a mitad, decidiendo si desean enredarse o permanecer colgadas algún tiempo más, hasta que la sangre fluya por donde desee.

    Uno se siente como esas termitas que consumen la madera a impulsos sin saber que su estómago no es capaz de asimilar tanta elasticidad y virutas.

    Quizá, en el último balanceo insinuante de la cuerda se pierda el equilibrio y, mientras cae, las caderas oscilen en un majestuoso malabarismo de caricias.

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