Viernes creativo: escribe una historia

¿Te han contado un secreto que no puedes compartir con nadie? Pues ha llegado el momento de decírnoslo. Ese es el plan para hoy. Cuéntanos una historia con ese secreto inconfesable de tu mejor/peor amigo/a.

Secreto-

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11 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. ̶ Mari Pili, ¿te cuento un secreto?
    ̶ Síííí, cuenta, cuenta…
    ̶ Papá me ha dicho que yo no soy yo.
    ̶ Oh! ¿Y quién eres, entonces?
    ̶ ¡Tú!
    ̶ Pues yo no quiero que tú seas yo. Con una Mari Pili en la familia, basta. Y no se te ocurra decirle esto a nadie, Mari Flor, si no quieres que te raje tu vestido favorito.

  2. SPOILER WOMAN

    Desde pequeña, su obsesión es hacer correr el rumor. Es compulsivo. Ve una oreja y no puede reprimir las ganas de acercar su boca y murmurar al oído. Siempre acompaña el gesto tapándose los labios con una mano, lo que le da un toque de confidencialidad y misterio. Últimamente se mueve por las taquillas de los cines donde ponen películas de misterio. Ayer la vi en el Rex. Mezclándose entre el publico que hacíamos cola para comprar nuestra entrada nos fue susurrando, muy discretamente, el nombre del asesino.

  3. Confidencias

    —Tengo algo muy importante que contarte.
    —¿Sí?
    —Ayer me escondí debajo de la mesa de la cocina
    —¿Ayer? Creo que eso ha sido hace un rato, Laura.
    —Da igual, déjame hablar. Yo soy la mayor, y te digo que fue ayer.
    —¡Somos iguales!
    —No, papá dice que yo llegué antes.
    —¿Llegaste de dónde?
    —¡Paula! ¡No lo sé! De dónde lleguen los niños. No me marees. ¿Quieres que te lo cuente o no?
    —Cuenta.
    —Escuché a mamá y a papá. Parece ser que han encargado a otro niño y vendrá dentro de unos días o meses. No me he enterado muy bien.
    —¡Oh! ¿Otro niño? Y ¿para qué quieren otro niño? Ya estamos nosotras. Yo no quiero más niños. Tendremos que darle nuestros juguetes. ¡No quiero!
    —Pero Paula, podremos hacer como la vecina con su perro. Que ha conseguido que le lleve el periódico. Haremos que nos recoja la habitación.
    —¡Oh, sí! Qué buena idea. Y podremos meterlo en el carrito. ¿Será un bebé? O será un niño grande. ¿Y dónde habrán ido a encargarlo? A lo mejor lo han comprado en el El Corte Inglés…

  4. SUSURROS

    Desde que María, mi mejor amiga, me cuenta todos los secretos, se me han abierto los ojos ¡Qué ciega he estado hasta ahora…!

    A partir de hoy, se acabaron los nervios. Cuando se me caiga un diente, ya no volveré a ponerlo bajo la almohada. Sé que no será el Ratoncito Pérez quién vendrá a recogerlo. Tampoco prepararé comida y bebida para los camellos, ni esperaré emocionada que amanezca, para abrir los regalos, la noche de los Reyes Magos.

    Por más vueltas que le doy, no le veo las ventajas. Desde que lo he descubierto, de mi vida ha desaparecido toda la magia.

  5. Mamá y la tita Luci estaban hablando. Las estuve escuchando detrás de las cortinas. Al parecer, nuestra prima Estefanía entró en la caseta del jardinero y perdió la vergüenza. Creo que también extravió otra cosa, pero no entendí bien lo que era.

  6. INOCENCIA

    ¿Sabes? Desde que nos intercambiamos de cama para dormir, estoy muy contenta. Ahora papá siempre viene a darme las buenas noches. Me llama princesa. Dice que lo que hacemos es un secreto entre los dos y que no le cuente nada a mamá.
    Todo como antes a ti.

  7. El descumpleaños
    -¡Hola Luzbella!
    -¡Hola Mara! Te voy a contar un secreto, pero te pido que no se lo desveles a nadie. Mi nombre verdadero es Eternajuventud, y tengo 60 años. En mi treinta y cinco cumpleaños me di cuenta que mi vida era una pantomima, estaba vacía, era prisionera en la cárcel de mi propia vida y decidí empezar de nuevo descumpliendo años.
    ¿Te preguntarás cómo es posible? Aunque te parezca imposible, en realidad es muy sencillo, solo hay que levantarse al amanecer con una sonrisa en los labios y consagrar tu vida a la labor que más te agrade, ser bondadosa y buscar siempre la satisfacción del bien. Quizás ahora no me comprendas Mara, pero no olvides mi secreto, te será muy útil en el futuro.
    j. mariano seral

  8. -Pues don Anselmo ha dicho en la misa que todo los niños y niñas en edad de comulgar tenemos que ir a la iglesia, y que primero tenemos que pasar por la sacristía, que nos tiene que hacer unas pruebas.
    -Pues yo no quiero ir. Pedrito me dijo que estuvo la semana pasada y parece ser que no acertaba ni una sola respuesta. Tiene que volver todos los lunes. Y Juanito, los martes. Y Azucenita los miércoles. Y Paquito y Pepito, los dos juntos los jueves. Y Martita los viernes. Y Pilarín los sábados.
    -Y el domingo?
    – Nadie, chica, los domingos son sagrados.

  9. Víctimas de ficción

    Estoy desencajado. Esta tarde leía con un ojo una novela corta de Millás y con el otro ojo vigilaba a mis hijas en el salón. Son tan pequeñas e inocentes que es sencillo centrar toda la atención en ellas para acabar sorprendiéndome como en las buenas novelas o las películas de enredo. Hoy también ha ocurrido. Elena, la mayor, ha abandonado a su muñeca y se ha acercado a su hermana para susurrarle, luego ha sonreído. Ingrid al principio también parecía ser cómplice del juego y parecía divertida. Pero Elena dispone de este toque perverso que no sé de donde lo ha heredado y a medida que continuaba susurrando, sonriente, el semblante de Ingrid se ha ido apagando hasta oscurecerse como las tardes de invierno. La pequeña no ha aguantado más embates de la mayor y llorando ha salido del salón directa a su habitación. Los ojos satisfechos de Elena se me han clavado en el corazón como una mala espina. De mayor puede hacer carrera como psicópata. Ingrid no conseguía hilar dos palabras, hipaba. No se dejaba abrazar, me rogaba que me marcharse. Al final la he arropado contra mi pecho, besándola y he conseguido averiguar qué le atormentaba. Elena dice que soy adoptada. El golpe no me le esperaba y me ha hecho tambalear. He necesitado el apoyo de la cama. No he sabido qué contestarle porque en mi cabeza también han rondado las dudas, un temor y solo he podido abrazarla bien fuerte, besarla y susurrarle que la quería con toda mi alma. Es mi hija, ¿o no? Estaba de viaje cuando nació, no se parece a nosotros, habla en sueños. Mi mujer no me coge el teléfono. Algún renuncio le he descubierto desde que nos conocemos porque será una excelente doctora, pero yo soy mejor lector. Al mismo tiempo, como desearía hablar con mi madre y realizarle la misma pregunta ¿Mamá soy adoptado? Quizás entonces todo en mi vida encajaría.

  10. LA PEOR CONFIDENTE

    Guárdame este secreto, me pidió, y yo lo dejé en mi cuarto, sobre la cama, entre mi bolso y la rebeca gris. Sin querer me lo llevé al trabajo, a la peluquería y a un par de recados más. Cuando quise darme cuenta lo había perdido. Soy lo peor custodiando secretos, me reproché y avergonzada resolví mentir, jurarle que lo mantenía intacto si acaso me preguntaba. Pero la casualidad quiso que fuera ella misma quien se lo encontrara en el dentista, al alcance de todos, en la sala de espera. No hubo manera de curar el agravio con disculpas, así que tuve que resarcirla de su pérdida entregándole a cambio una de mis más íntimas confidencias.
    Prometo protegerla de la vista del prójimo, me dijo, la muy zorra. Bien al contrario, se la llevó puesta en el escote, directamente clavada en su escandaloso canalillo.

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