Viernes creativo: escribe una historia

Para este viernes de puente os traigo como inspiración a la artista MISS BEIGE, a la que os invito a conocer a través de su trabajo en facebook o instagram. La foto de hoy se titula Beige on Tinder. Toda vuestra.

Beige on Tinder

Beige on Tinder – Miss Beige

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10 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. «Ni un triste banco libre. Tendré que sentarme al lado de esta señora tan rara. Agarra el bolso como si temiera que le fuera a robar… Estoy harto de que mis rasgos orientales les parezcan a estos ignorantes europeos sinónimo de perversión y latrocinio…Aprovecharé para hablar con mamá, que hace mucho que no la llamo…».

    «Este chico se ha sentado a mi lado. ¿Le resultaré atractiva? Parece muy joven para mí. Yo tengo un aspecto de señora mayor. Me lo dicen muchas veces. Es que no me gusta llevar vaqueros ni camisas de cuadros. Yo soy más clásica. Los hombres con los que me he relacionado no han sabido apreciar mi encanto oculto. Quizás este chico tan guapo hable conmigo cuando cuelgue el teléfono. En cuanto me mire le sonreiré y haré una caída de ojos del modo que me enseñó la tía Eulalia. Ella aseguraba que era un método infalible para conquistar a un hombre. Hablaremos y nos reiremos. ¿Cuánto hace que no me río a carcajadas? No me acuerdo. Tras un rato ameno de conversación yo, sí yo, le invitaré a mi solitaria y triste vida, para que se quede a habitarla para siempre.

  2. En la tranquilidad de un parque, un chico está hablando con su movil, sin importarle absolutamente lo que ocurre a su alrededor. La mujer sentada al otro extremo del banco lo observa con una mezcla de curiosidad y preocupación. Él está tranquilo, es más parece ignorar la mirada de su vecina de banco. Pueden haber diversos finales para la foto, pero la más lógica es que él acabe su llamada y vaya hacia su cita y la mujer se quede sola preguntándose de que hablaría el chico…

  3. QUERIDO AVATAR

    Hace tanto tiempo que se aman en secreto que se les hace eterna la espera. Ella se viste de domingo tras maquillarse de manera discreta intentando destacar sus ojos. Él elige acudir arreglado, pero informal. Quiere causarle buena impresión en su primera cita.

    Ya no se conforman con las conversaciones que mantienen cada noche por privado en las redes sociales. Necesitan mostrarse sin máscaras, hablar sin esconderse tras un avatar. Aunque comparten el mismo banco del parque, no se reconocen. Extrañado por su tardanza, la llama al móvil.

    La decepción de ambos crece mientras, sin respuesta, parpadea su dolor en el interior de su bolso, en modo “silencio”.

  4. Cuando menos te lo esperas

    Adèle vivía en una burbuja, fuera de su tiempo. No se le conocía amigos ni familia, siempre sola.
    Los domingos después de misa se acercaba a los jardines de Luxemburgo y se sentaba siempre en el mismo lugar, en el banco bajo el magnolio. Allí se quedaba un buen rato ensimismada, pensando o soñando, ¿en qué?, nadie lo sabía. El único que parecía interesarse por ella era Kim, el coreano; le gustaba su aire recatado y su forma de vestir demodé: vestido camisero beige años 60 con un camafeo que le cerraba el cuello, zapatos de salón a juego y bolso de mano blanco. Aquel día se armó de valor y se sentó en el mismo banco, cerca de ella; un tanto intimidado cogió su móvil para darse aplomo y pedir consejo a un amigo.
    Ahora solamente le faltaba entablar conversación:
    —¡Hola!, buen día ¿verdad?, ¿viene mucho por aquí?

  5. INCERTIDUMBRE

    Vestida de domingo acude al parque donde, como en su cabeza, ya no habitan los pájaros. Aún así, en su bolso lleva un pedazo de pan, junto a un papel con un nombre, con una dirección. Mientras permanece en el banco, pasan niños envueltos en una algarabía de juegos; ancianos buscando la caricia adormecedora del sol y una pareja de amantes, que esconden sus besos furtivos bajo la penumbra de un ficus.
    Decide marcharse de allí. No sabe a donde. Pero le atormenta una duda, si para que la acompañe a casa el último extraño sentado a su lado, debe llamarlo hijo o papá.

  6. Y SEIS DÉCADAS DESPUÉS…

    Ni puta idea de qué ha pasado. He quedado en el parque de siempre, con Gertrudis, para ir a misa y con el calorcito me he quedado transpuesta. De repente el banco se mueve, alguien se ha sentado con bastante poca delicadeza. Me despierto para comprobar, atónita, que hay un ambiente distinto, que la gente va vestida de una forma muy extravagante. Estoy tan desorientada que me parece ver edificios donde no los había. Voy a agarrar bien el bolso mientras la espero y el domingo que viene quedamos en otro sitio.

  7. MUJER DE MENTALIDAD ABIERTA BUSCA JOVEN ATRACTIVO
    –Feli, ya estoy aquí, esperando.
    –¿Ha llegado?
    –No, no hay nadie.
    –¿Estás nervioso?
    –No, qué va. Uf, ahí llega. Tiene unas bonitas piernas. No está mal… Espera, Feli. Creo que la conozco.
    –¿Quién es?
    –Es… Aaaggg…

  8. Beige sobre verde

    El verde no es el color de la esperanza y el beige tampoco sienta bien a todo el mundo. La impaciencia se muestra de varios modos, con nerviosismo, pero también con rigidez. Me pregunto si alguien que sabe esperar debe hacerlo en un banco verde, en un lugar público, transitado, a la vista de todos. Si no resultaría mejor pasear un perrito por ese mismo parque donde está el banco, uno de estos pequeños seres que olisquean los troncos de los árboles y a propietarios de otros canes, que provocan conversaciones espontáneas y permiten olvidar a uno que espera, y, sobre todo, por qué espera.
    Al banco le falta una mano de pintura o tan solo el cartel de recién pintado. Algo que indique que allí nadie debe aguardar nada, que su única utilidad consiste en proporcionar un lugar cómodo donde dar de comer a las palomas, leer un tocho de más de quinientas páginas, comer bocadillos preparados en casa, o cualquiera de las múltiples maneras con las que conseguimos liberar nuestras preocupaciones.
    Nadie en su sano juicio se vestiría de beige y fijaría la mirada en un punto, a menos que desee que la impaciencia se le pudra dentro del estómago y las pesadillas se le peguen a la tráquea.
    Pero no todo el mundo decide adoptar una mascota a tiempo, o hace limpieza en el armario dos veces al año. No todos saben que las nuevas esperanzas se deben vestir con trajes recién estrenados y no con miradas penetrantes.

  9. La línea estaba suspendida, la primavera explotaba en sus brotes, el dialogo se enmudecía por la rutina.
    Cada primer día de mes era el mismo protocolo en ese banco, la misma imagen repetida.
    No importaba quién habitara en esa distancia medida en centímetros, ni siquiera el vuelo de una paloma, ni la vida…Solo ese pensamiento al unísono desnudando el verbo cercano a mi boca alimentada por esas migas a destiempo, masticadas en el poso de mis manos y devorada por esa palabra imposible que asediaba mi pensamiento inmolado por el desvelo de la realidad.
    La piel es memoria de ese destino, en ese instante revelado, en la sencilla madera de un banco del parque.

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