Viernes creativo: escribe una historia

Un amigo de este bic naranja, Marcos Sánchez Provencio, me mostró el camino hacia el arte de la fotógrafa Leila Amat Ortega.

Todas las fotos de Leila tienen algo especial; algunas son producto de mucha planificación y postproducción, pero otras son aparentemente sencillas. He elegido una de estas para nuestro #viernescreativo de hoy.

Líneas

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77 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. PARTÍCULAS DE ARENA

    Cerró los ojos e imaginó ser libre. Ideó una extensa pradera de arena dorada, de serpenteante arenisca, que mecida por la suave y cálida brisa de un remolino, se aventuraba a rozar su piel desnuda, expuesta…
    Sintió la necesidad de acelerar sus pasos hacia lo ilimitado, hacia el indefinido sentido de la nada, para precipitarse por ella y rodar por un vacío de pesar y afecto.
    Y era toda ella y era todo ello… Naturaleza y cuerpo, esencia y deseo, aleación de materia y elemento. Armonía en el tiempo.

    Con temor abrió la mirada a la reciente realidad de soledad que le rodeaba. Observó su mesilla, su tocador, los libros apilados llamándola desde hacía días para que cobraran vida, las revueltas prendas extendidas en el suelo dibujando una alfombra de descuido y apatía.
    Allí se quedó tendida un rato más, no había prisa. Apretó más fuerte aún su puño conteniendo la rabia y la impotencia. Entonces unas minúsculas partículas de arena se desprendieron de ella, salpicando sus sabanas, sus sueños y su mañana.

  2. AMOR A LA VIDA

    Durante años observé cómo mi hermano preparaba el avión y planeaba sobre nuestro campo recién arado, contemplando el fruto de su trabajo.

    Estaba tan enamorado de la forma en la que tierra cobraba vida que quiso admirarla siempre desde el cielo y un día decidió quedarse allí para siempre.

    Su marcha fue tan repentina que se olvidó de llevarse los nutrientes que alimentaban su amado cultivo, así que no me quedó más remedio que construir unas alas para volar hasta él y entregárselos. No quería que lo único que guardaba su recuerdo muriera abandonado y triste.

  3. Ya no es tarde

    El campo tiernamente desnudo como si alcanzara a silenciar un recuerdo que duele o un sueño desbordado. El aire elevó una caricia para el reencuentro, donde estés.

  4. Sin más, le fueron concedidas las alas. De la alegría que sintió, salió corriendo para probarlas mientras la Reina de Pumizuri, el mundo de las Hadas, observaba pensativa aquella reacción. Su mirada tierna lucía un atisbo de preocupación. La duda asomó como un velo ante el luminoso sol. ¿No me habré equivocado? Luria era una criatura con un corazón bondadoso y su alegría era pegadiza y bien acogida entre los seres de Pumizuri. Pero la Reina bien sabía que la energía de la voluble Luria la había conducido en ocasiones a situaciones complicadas. Las locuras de Luria eran por todos conocidas.
    Dabo, el segundo árbol más antiguo, enseguida vio los pensamientos de la Reina. Aprenderá, le dijo. Dominará sus impulsos y los dirigirá por el camino adecuado. Su ilusión por lo alas será el motor para convertirse en una buena hada.
    ¡Jajaja son magníficas! Regresó Luria de su primer vuelo y aterrizó con todo su esplendor en un charco de agua embarrada. No pudo dejar de reír al ver el aspecto de la Reina y Dabo, ambos con el barro sobre sus rostros divinidosos.
    Bueno, dijo Dabo entre las carcajadas de Luria, quizás necesite más tiempo del que suponía.

  5. Mi Paloma

    SE MAREABA, DORMÍA MAL, SU CARÁCTER SE TORNÓ IRASCIBLE, VOMITABA. Por eso, tras descartar que detrás de dichos síntomas se encontrase su menstruación descontrolada, acudimos al médico. Después de innumerables pruebas, confirmaron que mi mujer era guapísima y poseedora de un organismo saludable. Ya que no era físico, nos remitieron a un psicoanalista distinguido que, tras varias sesiones, detectó su anomalía, así le llamó él. «El problema de su esposa radica en sus ganas de volar, unas ganas locas. Y hasta que no lo haga por sí misma, su cuerpo andará revuelto». Ante ese diagnóstico uno se queda sin palabras, yo también. El facultativo para reafirmarse, me mostró un sinfín de cuartillas de pájaros, asegurándome que los había dibujado mi mujer. «Si la quiere, haga todo lo posible para que vuele», acabó por sentenciar. «Paracaidismo», balbuceé. «No, no. Tiene que empezar desde abajo». Así, cada tarde, en vez de jugar al pádel o practicar running como nuestros amigos, buscábamos un descampado solitario a las afueras de la ciudad e imitábamos el aleteo de las aves. Yo también a pesar de mi vértigo. Varias semanas estuvimos corriendo con los brazos extendidos, dando pequeños saltos sin más altura que los diez centímetros de un bote normal. Fueron semanas desalentadoras, en las que a mi mujer los desarreglos en su cuerpo se le agravaron y sufrió una torcedura de tobillo que, lejos de alejarla de su propósito, la hicieron más fuerte. Hasta que una tarde, tuvo la feliz idea de despojarse de su vestimenta, de sus zapatillas, incluso de los pendientes. Se quedó solo con una bonita combinación negra y, como por arte de magia, empezó a elevarse con unos aleteos rítmicos. Recuerdo que al principio sentí miedo por su trayectoria descontrolada, pero enseguida consiguió estabilizar su vuelo y acabó realizando piruetas como un colibrí. Lloramos los dos. Desde entonces, todos los días sale a volar y por la noche, antes de hacer el amor como posesos, me relata sus experiencias. Los Picos de Europa, la Sierra de Cazorla, la Costa Mediterránea asegura que son parajes únicos desde las alturas. Yo siempre le ruego que tenga cuidado. Que los aviones muchas veces no respetan las señales del cielo y los cazadores disparan a dar. Ella se ríe, pero no es cosa de risa, ni tampoco que se acerca el otoño y que con el frío no podrá volar. Y me temo que quiera unirse a una bandada de cigüeñas en su ciclo migratorio. Y yo sin ella, no puedo vivir.

    • Pues… no sé si me gusta más la Paloma sin la que no puedes vivir o tú, no lo sé.
      Me estás acostumbrando muy mal, Nicolás.

    • Maravilloso, pero tengo miedo de lo que le pueda pasar al protagonista. No me gustaría que después de haber ayudado a su mujer a convertirse en paloma ahora ella quisiera abandonarle hasta el año que viene. Si eso sucediera, ¿olvidaría él su vértigo y aprendería a volar para ir con ella allá donde fuere? ¿Sería ella la que controlara sus deseos de volar y se quedara junto a su marido?

      Necesito una segunda parte. Me he enganchado a los personajes. Ella me gusta, pero él me gusta aún más.

      ¡Qué bonito escribes, Nicolás!

  6. LA PRIMERA VEZ

    Después del accidente, mi abuelo se hizo cargo de mí. La muerte, siempre tan cercana y tan esquiva con él, le había vuelto un hombre huraño y solitario. Apenas hablábamos. Se limitaba a vestirme y a darme de comer. Mis días trascurrían lentamente delante de una televisión siempre encendida que parecía observarme a mí. Y de vez en cuando, alguna vecina del pueblo echaba una mano con las tareas de la casa y me obsequiaba con unas migajas de atención.
    Comíamos juntos y el silencio era tan denso que parecíamos una multitud. Después, se quedaba dormido en la butaca con el cansancio de la tierra roturada tatuado en su frente. Cada tarde, a las cinco en punto, se dirigía con pasos renqueantes al granero situado en la parte trasera de la casa y allí permanecía hasta la hora de cenar.
    Y así pasaron los meses, y los años hasta que un día algo cambió: entró en el salón cuando aún faltaba mucho para cenar. En sus manos traía un extraño artilugio que no supe reconocer y en sus ojos, una mirada llena de determinación. Introdujo mis brazos inútiles en él y por fin los pude mover.
    Fue la primera vez que lo vi sonreír.

    • Margarita, redondo, te salió redondo el microrrelato. Desde el titulo hasta ese final de sonrisa. Es una historia dura, puesto que se adivina un pequeño/a desvalido y un abuelo culpable por lo sucedido o quizás abrumado por la responsabilidad de sacarlo adelante. El final es todo un rayo de sol.

      A modo de curiosidad, es el tercer o cuarto micro que te leo en el que los abuelos son protagonistas y eso me recuerda a alguien que durante un tiempo utilizaba mucho esa voz o esos personajes. Mis compañeros de taller literario me lo decían mucho. Y ,me extrae una sonrisa al recordarlo en tus textos.

      No me enrollo más.

      ¡Buen Viernes Creativo!

      • Solo en esta página doy voz a los abuelos; salió así en los dos primeros y he decido, mientras pueda, continuar.
        De la interpretación del texto no te digo nada. Ya me he dado cuenta de que no siempre se ajusta lo que yo quiero decir a lo que otros leen, ¡y no sé si eso es bueno!
        A ver si yo evoluciono tan bien como tú con mis nuevos personajes.
        Y para terminar: el relato de hoy está dedicado a ti (y a Carmen Martagón) por ese tiempo que me has regalado y las consiguientes ganas que me han entrado de utilizarlo. ¡Gracias!

    • Ya decía que se me olvidaba algo, Margarita. Has sabido utilizar muy bien ese tiempo e incluso seguro que te han sobrado minutos.

      Sobre tu micro el problema quizás en mi comentario, pues ahora que lo releo puede llevar a confusión. El abuelo le fabrica un utensilio para caminar y por eso el rayo de luz que yo mencionaba. Y como digo, ese final unido al título es fantástico.

      A seguir escribiendo, que siempre es un placer leerte.

    • Precioso!!! Me emocioné al leerlo. Y cuando he leído la dedicatoria en los comentarios aún más. Gracias por la mención, me alegra infinitamente ser partícipe de esos recuerdos que afloran en las letras. Los abuelos y abuelas siempre muy presentes en mis relatos y en mis verso, ellos forman parte de mi vida. Un abrazo grande grande.

    • Todos los viernes creativos me pasa lo mismo. Empiezo a leer los relatos de los compañeros, los analizo, los comento, llega el de doña Margarita y tengo que sacar el paquete de kleenex. Los abuelos de tus textos me matan, quizá porque en todos ellos veo algo de los míos. Además, la manera que tienes de contar las historias, con esa delicadeza, hace que hasta pueda abrazarlos.

      ME ENCANTA.

  7. Horizonte artificial
    A pesar de las advertencias de mis amigas. no me di cuenta de lo que se estaba torciendo mi vida hasta que no caí de bruces.

    Ahora tengo los pies en la tierra, pero él se alejó volando.

  8. Despegar

    De niña había sido una criatura con mucha imaginación, siempre dispuesta a dibujar, a inventar juegos y a divertirse. El sistema educativo la fue modelando para convertirla en un engranaje de la sociedad industrial.
    Ahora, se arrepiente de no haber cursado bellas artes, aunque… nunca es tarde.
    Se va al desierto, reflexiona, respira aire puro bajo el cielo azul y vuelve a soltar su imaginación: es un aeroplano que levanta vuelo.

  9. En pérdida
    Nunca me había encontrado tan cerca del suelo. Acostumbrada a perchar en las copas de los árboles más prominentes y en nubes de quimeras, a sustentar nidadas de ilusiones en los resquicios más escarpados de paredes montañosas, a remontar el vuelo en pos de corrientes ascendentes, a contemplar la tierra a vista de pájaro, a planear sobre el aire cálido que generaban tus palabras a mi alrededor, bastó un «se acabó» para hacerme perder altura.

  10. Vuela, Lucía, vuela
    Le habían asegurado que conseguiría todo lo que quería, que tenía que soñar, pero no era verdad. Lucía quería volar. Fantaseaba con la idea de salir de allí, de su pueblo. Soñaba que vivía en otro lado, en la ciudad, en cualquier ciudad. Soportaba las largas jornadas de aceituna pensando en que esa sería la última temporada; el siguiente año ya no estaría allí. Sufría meses y meses en la fábrica de conservas, pensando que aquello acabaría. Cuando el ayuntamiento la contrataba para barrer las calles, se preguntaba cómo sería tener un trabajo de verdad en la ciudad, en cualquier ciudad. Lucía quería volar. Sin embargo, todos los demás trataban de abrirle los ojos. Sí, conseguiría todo lo que quería, menos volar.
    –No intentes volar, Lucía. Déjate de tonterías. Limítate a andar.
    Quizá era demasiado tarde para los demás.

  11. PORQUE LA TIERRA: Es poderosa, y te puede atrapar hace ella, como un embrujo de luna, que te hace beber el éxtasis de los poseídos, ejerciendo sobre ti una influencia , que en sumisión acabes , permanecer atada a su vientre, porque ella te dará el fruto de su cosecha, y mañana para ti, madre exultante el -!Pan de los virtuosos!-. ? Como partir?-? Y como duermen los sueños , esclavos sin aliento?. Te afanas en despojar de malas hierbas la tierra y labrar con asombro, tejiendo arañando dibujando estrías, donde una a una se sparcen la simiente de la próxima cosecha. … …………….Yo que acaricie con tesón , y desgrane entre mis dedos los terrones de azúcar terrenal en este suelo que piso, aveces amándote con ternura, y otras odiandote .El alma se me enmudece , en un requien de AVE migratoria y antes de que el fruto me acomode en la mesa del bienestar , saboreando deliciosamente sus frutos ……..VOLARE, Volare con alas de águila imperial , y alcanzare las alturas para tocar alguna nube por las cornisas del mundo . VOLARE sin miedo por encima de los mares, de los ríos y saciare la sed del conocimiento que arrastró hacia un nuevo horizonte, por otros mundos que brillan en este Planeta.

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