Viernes creativo: escribe una historia

Hoy abandono el tono onírico y surrealista de los últimos viernes y os traigo una fotografía muy simple, pero rebosante de fuerza, del gran Garry Winogrand. No dejéis de echar un vistazo a esta selección de sus obras y aprenderéis mucho más acerca del arte de contar sin contar que con cualquier curso de escritura.

@Garry Winogrand

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52 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Su risa retumbó estrepitosamente convirtiéndonos en el centro de las miradas durante unos instantes. Mi nudo en la garganta decidió permanecer allí, impidiendo el flujo de mis palabras. Aunque sólo era capaz de pensar ‘no, no puede ser’.
    Era pérfida e indolente. Había urdido un plan criminal y me lo había contado durante el baile como si de una historia más se tratara. Y es que para ella era tan sólo eso, una historia más en su vida. Después de todo, su vida transcurría desde el diván de los dioses comiendo uvas mientras ideaba algo para apagar su aburrimiento. Se creía con el derecho de jugar con las vidas de las personas como si de muñecos se tratara. Y de nuevo me convertía en cómplice y en víctima. Sucumbía a sus encantos, era su convicto. Para eso me pagaba. Mi oficio consistía en dar placer. Era su gigoló.

    • Tu micro me ha trasportado en su primera parte a las películas clásicas del Hollywood de los 40 y 50, con esas mujeres fatal, capaces de arruinar vidas con un pestañeo de ojos seductores. Y la segunda parte, con ese gigoló final lo ha hispanizado para despedirme la imagen de Bardem en cualquiera de sus primeras películas. En fin, que me parece un buen micro, donde yo he apreciado tintes cinematográficos y que resulta muy visual.

      Quizás, espero que no te moleste, echo en falta un título.

      ¡Buen Viernes Creativo!

      • Gracias Nicolás! Me ha gustado tu punto de vista.
        Lo del título es cierto, lo he visto después que faltaba: Bailando con lobas. Jajaja no me lo pensaré.

    • Yo también echo en falta el título. Y me encanta imaginar a una vampiresa que tiene que pagar sus vicios. Eso porque no soy capaz de mirar la foto y no pensar que esa mujer es vampiresa, que no lo dices.

  2. Hombres
    Vivíamos unos años terribles, de inmensa sequía. Al principio nos mostrábamos reacias a aceptar cualquier cosa, pero poco a poco fueron desapareciendo los de pelo en pecho, los de barba cerrada, aquellos que nos desnudaban con la mirada en manifiesta declaración de guerra, los que lucían sus bíceps asomados a las hombreras de su camiseta sudada, los que no conocían la existencia del desodorante, los que te acorralaban contra la pared sin dejarte salida. Se extinguieron también los que preferían quedarse en la barra con el cubata en la mano en vez de sacarte a bailar, los que jamás preguntaban «qué tal» después de acabar. Hasta que un día la hambruna se hizo irresistible, y si nos cruzábamos con algún tipo engominado y bien vestido, aunque apestase a esencia de Loewe o Paco Rabanne, no teníamos más remedio que devorarlo.

    • Juancho, fagocitar al genero masculino no es muy corporativista, eso sí, muy efectivo y preciosista. Con ese catalogo de hombres tan bien descritos es fácil hacerse una idea de lo que tenían o tienen que soportar las mujeres. El final es espectacular y en mi opinión te extrae una sonrisa con la incorporación de esa elegancia de las marcas de moda.

      ¡Un buen Viernes Creativo!

      • Si es que la competencia es muy dura Nico, jajaja… Es lo que pretendía, provocar una sonrisa y mirar desde un ángulo irónico la imagen. Muchas gracias y un abrazo!!!!

  3. Foto sensibilidad
    Relato a cuatro manos escrito entre Fulgencio García y Ana Vidal

    Hace días que observo que ella ya no se refleja en los espejos, no es que yo no la vea, eso no; ella se mueve delante de mí con esa manera de caminar que parece que siempre estuviera descalza.

    Hace días que me observa, se debe haber dado cuenta. Desde que comencé la transformación, camino de manera etérea, ando siempre en las nubes. Y cada vez me atrae más su aorta, tan fuerte, tan llena de vida.

    Yo no quiero decir nada, no sea que se sienta rara. Además, la pobre padece esas migrañas que la tienen todo el día en la cama con las cortinas echadas y me da la sensación, al entrar en la dormitorio, de que me va a tragar la negrura.

    Me oculto de su mirada inquisidora. Pobre. Se preocupa de veras por mi salud y eso que aún no sabe que jamás volverá a ser motivo de preocupación ni para él ni para nadie. Quiero que me acompañe en la que será mi tópica noche eterna.

    Me ha extrañado tanto que me dijera, amor, esta noche prepara tu traje de fiesta, que vamos a bailar hasta el amanecer. Quise preguntar, pero colocó su dedo índice sobre mis labios, pidiéndome silencio, y yo ya no supe decir más. Casi como un autómata he buscado el traje y a las ocho en punto, en el momento en el que el sol se ocultaba tras la montaña frente al ventanal, la estaba esperando con la mano extendida mientras ella bajaba, lánguida y majestuosa, las escaleras de la casa.

    Ahora bailamos de nuevo, y lo llevo yo; fuerzo el ritmo, no quiero que se dé cuenta de que, ahora mismo, él también flota.

  4. ¡Impresionante este relato a cuatro manos!

    Una gran colaboración la vuestra y un asesinato imperceptible tan bien descrito, que si yo fuese policía os dejaba marchar sin atribuiros ningún delito.

    ¡Un buen Viernes Creativo!

  5. Regalo envenenado

    OLGA, OLGA, OLGA… ¡MALDITA OLGA! LE DEBO TANTO, QUE HASTA ODIARLA ME CUESTA. Llegó a mi vida como un navío mercante arriba a la playa de un náufrago moribundo y me regaló los diez meses más felices de mi existencia. Al principio, se tuvo que esforzar, mi corazón remendado de innumerables heridas de amor se resistía a entregarse. Si hubiese sido más fuerte… Pero pronto, a base de sorpresas, paseos bajo la luz de luna, recitales de poesías o de escapadas de fin de semana, derribó la barrera de mis resquemores y me conquistó, sin resistencia alguna. Enamorados, me descubrió el placer de comer con los dedos y de utilizar nuestros cuerpos como tabla de cocina. Me demostró que un te quiero alivia el dolor mejor que el más eficaz de los analgésicos. O lo sencillo que resulta compartir espacio en los sueños. Pura magia lo que vivimos los dos. No hubo rincón en la ciudad que no quedase impregnado de nuestros recuerdos ni estatua que no nos envidiase. Y para redondear nuestra dicha, me enseñó a bailar tango. Poco a poco. Primero, sus ocho pasos básicos en el salón de casa. Luego, en los parques incluyó piruetas, figuras, florituras de otro mundo. Cuando bailábamos, la sentía dentro de mí. Sus ojos penetraban en los míos. Sus piernas, sus senos, su pubis, también. En poco tiempo, nos convertimos en arrabaleros y salir a la calle y formar un corro en torno nuestro resultaba casi natural. Por eso, entre tango y tango, acepté de buen grado los cambios que fue implantando en mi rutina por el bien de nuestra relación, decía. Me apartó de mis amigos, todos muy ociosos. Renegué del fútbol y de los bares. Abandonamos la ciudad y nos trasladamos al campo. Dejé de escribir y de nadar desnudo en el Mediterráneo… Y todo ello se lo hubiese agradecido e, incluso, todavía seguiría amarrado a ella, si no fuese porque una noche de luna llena me incitó a bailar un tango en el jardín estrellado. Y aprovechado que nuestros cuerpos se encendían, me preguntó a traición. «¿Te gustaría que nuestro amor fuese eterno?». «Sí», le susurré sin pensar. Y me mordió en la yugular, condenándome a una inmortalidad que yo no deseaba. Mi naturaleza, se excusó. Desde entonces, veinte años ya, no le perdono este castigo infame al que me ha abocado y ella hace su vida y yo la mía y, a veces, coincidimos en alguna sala de baile en busca de carne fresca.

  6. Pasos de baile.

    Mentía. No sabía bailar tango. Era un hombre completamente arrítmico que se dedicó a pisar la punta de mis pies durante los cinco minutos que duró nuestro primer y último baile.

  7. Noches de vino y rosas las llamaron. Noches de sadismo más bien. Había un momento imperceptible en la velada en el que todo se tornaba oscuro y cruel. Ella insistía en ir y yo la amaba tanto que me dejaba llevar, a pesar del terror que me producía. Temía aquel momento en el que la locura se apoderaba de ellos, se despojaban de la ropa y la cordura y mostraban sus lado más perverso. Siempre me embargaba la misma duda, y si le decía que no…¿Sería capaz de ir sin mi? No tenía valor para averiguarlo, así que agachaba la cabeza incapaz de oponerme a sus deseos. Aquella noche la locura o las sustancias que consumían les llevaron a la barbarie. Aquella noche el olor a sudor se mezcló con la sangre. Y la extraño cada segundo del día, pero a la vez respiro con alivio y osadía…¿Usted lo entiende, doctor?

  8. Martina, un micro sádico entre parejas por esas fiestas en el que imagino una orgía de sangre y que vaya, el que parecía más cuerdo de los dos es el que acabe con mayor locura. A veces, seguir la corriente a tu pareja es lo más cuerdo, otras no, pues cuando quieres remendarlo quizás es tarde.

    Me gustó el micro por aquella que encierra y sólo echo en falta el título.

    ¡Buen Viernes Creativo!

  9. Ante el espejo

    Me gustaba todo de ella, su nariz afilada, sus ojos vivos y pequeños, ese lunar en la mejilla, sus dientes perfectos y aquella forma de reír que hacía temblar todo su cuerpo y el mío. En muchas de mis noches sin ella me despertaba echando en falta su piel de seda, sus labios tiernos y suaves, su boca provocadora y aquellas carcajadas que descomponían la belleza de su rostro.

    Decía que yo la hacía reir, que nunca había conocido a nadie tan divertido… ¡Tan divertido! Sí, tan divertido… No decía alguien tan apasionado, tan fogoso, tan detallista o guapo, no, eso no.

    Aquella noche, en la fiesta, no paraba de reírse y sus carcajadas retumbaban en mis oídos mientras bailabamos aquella canción. Apenas terminó la pieza me aparté de ella, necesitaba salir de allí. Llegué al jardín de la casa y me alejé un poco para respirar aire fresco. Miré hacia atrás esperando encontrarla tras mis pasos pero no apareció, ni esa noche ni ninguna otra.

    Desperté con un terrible dolor de cabeza, había soñado con carcajadas y miles de bocas que me perseguían por un bosque oscuro… Me costó recordar cómo había llegado a casa, pero en un instante todo apareció en mi cabeza, como los fotogramas de una película: su cuello, sus ojos, sus carcajadas apagándose, la noche, el jardín, el pozo junto a la casa.

    Me levanté para ir al baño y estiré los brazos que sentia entumecidos. Tenía una sensación extraña en todo el cuerpo. Me lavé la cara y mojé mi pelo, esperando que el agua me despejara. Miré al espejo pero no me vi…

  10. ATRACCIÓN PELIGROSA
    No sé que era lo que me atraía más de ella: su pelo moreno, sus ojos cautivadores o esas risa estruendosa que no pasada desapercibida para nadie.
    Un día me pidió que la llevase a bailar a una sala de baile que estaba de moda. En esa cita estaba espléndida con su vestido nuevo, su sonrisa pintada de rojo escarlata, y esa mirada alegre y vivaz, que desarmaba a cualquiera.
    Como si fuera el último día que fueramos a vivir sobre la Tierra, nos entregamos, llevados por la música, a los ritmos cadenciosos y sensuales del Caribe.
    Y yo, sin apenas darme cuenta, estuve a punto de ser seducido por aquella mujer peligrosa y maravillosa al tiempo, que pretendía llevarme a esa vida inmortal, para que la compartiese con ella.
    Mi suerte fue que en ese momento una de las parejas que estaban sentadas un poco alejadas de la pista de baile rompieron una copa, y con ella, el hechizo en el que me encontraba abandonado.
    Fue como si renaciese, como si volviese a la vida, tras haber caído en un mundo étereo, irreal pero lleno de encanto.
    Luego la extraña mujer quiso que volviéramos a citarnos de nuevo.
    Pero, como ya conocía sus trampas, esta vez me alejé definitivamente de ella, aunque de vez en cuando todavía me pregunto como sería una vida inmortal…..

  11. Gloría, ya te digo yo que… volverá a recaer. Así somos los seres humanos que volvemos a tropezar en la misma piedra una y otra vez, y más en el amor donde resulta tan sencillo.

    Ya me contarás si es así.

    ¡Buen Viernes Creativo!

  12. En su punto

    No puedo apartar la mirada de su carótida. Ni rastro de alteraciones cardiovasculares. Pulsaciones regulares, una por segundo. Siete de tensión arterial diastólica, doce de sistólica. Hematocrito rondando los cuarenta y cinco, y noventa y ocho por ciento de saturación de oxígeno en sangre.
    Es perfecto.

  13. Pero, ¿qué le he dicho? No soy tan gracioso. Y se sigue riendo. ¿Qué habrá bebido? Nada. Sólo una copa. ¿Qué querrá? Le voy a decir que tengo que ir al servicio. Uh. Me ha agarrado y no me suelta. Y sigue con la dichosa risa. ¡Qué dientes! Dan miedo. Socorro. No me suelta. Socorro. ¡Socorro! ¡SOCORRO!

  14. !QUIEN RÍE EL ÚLTIMO :Ja jajajaja !confieso que me reí estrepitosamente entre sus brazos! .-!Qué ingenuo!- esta claro que no me reconoce, y me alegro, pues mi plan se iría al traste y claro está que no me conviene , que bochorno si descubre quien soy yo. La risa fue mermando conforme la conversación de nuestra presentación tomaba un carácter más íntimo. Que alivio, si además ya estaba usada de espanto. El seguía como siempre, tan atractivo, tan idolatra de si mismo, creía que el mundo, solo giraba alrededor de su eje, pero de eso el, no tenía la culpa, un egocéntrico acostumbrado a rodearse de aduladoras, muñecas de trapo fácil de manipular a su antojo. El sabía cómo hacerlo y se conocía todos los atajos, las palabras precisas , las mentiras adecuadas, enredos difícil de digerir para alguien como yo. A lo primero, ingenua NO me di cuenta, después poco a poco fui callendo en la cuenta,en el pedestal que el se había trazado, no cabía nadie, más que el. Yo solo era un lastre condenada a sufrir sus continuos des varios, una simple marioneta vapuleada según viniera el aire. Y ya me entienden, una tiene su pequeño ego su particular dignidad, no podría seguir ni un minuto más así. Prepare mi propio plan, consistía en desaparecer como muerta , todo salio como yo esperaba, -perfecto – me buscaron durante tres días en el pantano, dijeron que me había ahogado; el recojio mis enseres, teatrilizando unas lágrimas que no sentía. !que cínico! .Con el dinero que calladamente pude ahorrar. !NO! No crean que me lo gaste en detectives, -por supuesto -.Yo sabía perfectamente como las gastaba, y sin entrar en detalles, -es ese secto sentido que una mujer intuye, y que es infalible. Reconozco hacerlo pasado mal, en otro país extraño y con algún que otro fisgón , aprobechado. Ahora me gano la vida reconstruyendo caras, y no lo hago mal del todo, sino vean el resultado con una identidad falsa, -Sonia – no existe, la nueva Ania después de un contacto casual ?quien nos presentó? Estoy piel con piel, me rodean sus brazos bailando un tango, me contamina su aliento dos extraños en la sala. -fumas -,?le pregunte? -.Sí , sí me apetece un cigarrillo, una copa, salgamos a la terraza este ambiente empieza a cargarse. Me siguen sus pasos tras los míos. No sospecha que guardo todas las armas y juro que no fallaré. Ja jajaja reí estrepitosamente. ……..

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