Viernes creativo: escribe una historia

En cuanto vi esta fotografía de Josephine Cardin, no pude resistirme a traerla aquí. La técnica usada, la ambientación, el color, la postura de la modelo, todo me lleva a imaginar una historia gótica. ¿Qué se te ocurre a ti?

Eyes shut tight ©Josephine Cardin

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29 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Granada

    Una vez arrancado su corazón no pudo resistir en saborear su dulce sabor. El aroma a granada invadía la sala. Ahora estaba sola, pero sentía que su vida latía por primera vez. Turbada se quedó en silencio, sintiendo el bombeo de la sangre circulando entre sus manos. Un río rosado recorrió su espalda, empapando su vestido blanco. Solo podía escuchar sus gritos y como ella, sin piedad, le arrebató la vida. Los fantasmas deambulaban por la habitación, volviéndola loca de nuevo.

  2. ¿Le arranqué el corazón o me lo arranqué yo? No sé de quién era aquello que estaba en mi mano y que manchaba mi blanco vestido. Ese intenso rojo tintando la tela, descendiendo como un río. Río que se llevó mi vida. No sé cómo fue, ni que sucedió. Ahora, salvo cierto dolor, no percibo nada en el interior de mi pecho, por eso dudo si fue el mío el apartado del cuerpo. No hallo sentimientos en mí, siento una nada interior, no odio pero tampoco amo, no encuentro placeres no encuentro belleza pero tampoco encuentro la fealdad ni hay algo que me genere asco y repugnancia en el trato. Me dicen que debo perdonar y perdonarme. Esto no hace más que confundirme, en este entorno de paredes blancas en el que me encuentro.

  3. Onirismo

    A veces me pasa que despierto en mitad de un sueño, en plena psicodelia onírica. Mi primer impulso es adaptarme, que no se note que no soy parte de la historia, hacerme el dormido, el sueño, el despierto onírico, no sé. Esta vez estoy de pie, con el pecho abierto, ella sujeta mi corazón en la mano y tiene el vestido manchado de sangre. Yo, que hasta este momento me he guardado muy mucho de dejar aparte el corazón, de poner todas las armaduras necesarias para que nadie lo toque. Seguro que en el sueño, en la parte que no recuerdo, he bajado la guardia y ella se ha apoderado de él. Y ahora no está, no noto nada dentro. Tanto tiempo evitando sentir y por fin es posible. Le doy las gracias, abro una brecha en la pared, como suelo hacer cuando quiero despertar y me voy, seguro de que se deshará de él en cuanto se dé cuenta de que solo es una piedra, que hace tiempo que ni late, que no sirve para nada.

    • Se le ve a tu protagonista muy puesto en sueños, aunque no tanto en armaduras. Al final bajó la guardia y no era tan malo el resultado, fíjate que a veces nos protegemos de lo que puede ser nuestro bienestar sin saberlo. Da para pensar mucho tu histoira Ana.

  4. La Novia de Frankenstein

    No tengo claro si lo que acababa de suceder ante nuestros ojos era el propósito que yo buscaba con toda aquella historia. Su desgarradora imagen me dejó tan sorprendido como reconfortado en el fondo, en ese trasfondo hueco que él me había dado.
    Cuando pedí a Víctor que me hiciese una compañera semejante su cara se descompuso. Y si, lo obligué a hacerlo pese a todas sus negativas. Quería una compañera como él tenía la suya, una mujer que me acompañase el resto de mi corta o larga existencia.
    No fue fácil matar a su prometida. Ni le resultó fácil volver a revivirla. Ni siquiera sabíamos a cuál de los dos escogería cuando abriese sus castigados ojos.
    Pero ahí estaba ella, con su hermoso vestido de novia, su cara compungida y el corazón de Víctor aún latiendo sobre su delicada y ensangrentada mano.
    Acababa de elegir compañero.

  5. La caja de música.

    Guardaba en una cajita el corazón sangrante de quien fuera su amor. Los latidos acompasados que producen son música para sis oidos.
    Hoy, sólo el silencio, la esencia roja resbala por la caja, por sus manos y el vestido de novia que nunca usó…más el corazón latente ha enmudecido para siempre.

  6. El vestido

    Siempre soñé con el vestido de novia de mi madre. Colgado en el armario, se lo quitaba a hurtadillas. Delante del espejo, me imaginaba como sería el día de mi boda. Cientos de invitados, el amor de mi vida y ella orgullosa, me demostraría su amor, me entregaría por fin su corazón. Dejaría de ser frío y distante. Pero ni soñar me dejaste. Nadie te querrá me decías, despojo era tu palabra más suave. Hoy se ha cumplido mi sueño, estamos en paz. Yo llevo tu vestido y por fin me he ganado tu corazón…

  7. POR FIN FUE FELIZ

    Había decidido que sería la última vez. Ya nadie nunca mas le rompería el corazón, nadie le haría sufrir más.
    Esta vez sería ella, le costo, fue duro. Le dolió, sobre todo la primera punzada del cuchillo.
    Pero pronto paso, tal vez por el fluir de la sangre caliente, el dolor se amortiguo, y dio paso a un sopor dulce, a un bienestar.
    Cuando se arranco el corazón, todo acabo.
    Una sonrisa en su rostro indico qué, pese a tener el corazón roto, por fin era feliz.

  8. CORAZÓN DOLIENTE

    No son solo lágrimas salinas
    las que vierten mis ojos.
    Ni lamentos quejumbrosos
    los que visten mi alma.

    Son estelas translúcidas de abandono.
    Son imágenes vidriosas de apatía.
    Son atisbo de sombra y migajas de rebeldía.

    Mil partículas escarlata se deslizan
    por mi nívea y frágil prenda.
    Salpicando y mancillando
    mi voluntad y mi pena.

    Y queriendo no quererte
    me despojo de mi corazón doliente.
    Pero en su último latido me susurra
    que siempre seré tuya y tú… nunca mio.

  9. Desgracia (o Maledicencia)

    La desgracia llega cuando ya le ha arrancado el corazón, empujada por los celos y por la maledicencia del vecindario. Callaba toda la hiel que salía de aquellas bocas de ramera hasta hoy. Porque, poco a poco, la amargura se amontona al fondo del alma y pesa tanto… Ha sido fácil adormecerlo a medias deshaciendo un par de somníferos en la crema de guisantes. El punto astringente debe de ser de la alcachofa, ha disimulado ella. Al ver que ya no respondía a una simple pregunta cotidiana, ha cogido el cuchillo de desollar los conejos y las gallinas y se lo ha clavado entre las costillas, allí donde todavía podía guardar resquicios de pasión, apaciguada en su caso, la más ferviente si se trataba de la amante que, según los rumores, él tenía y visitaba asiduamente. La sangre, espesa y caliente, no la ha parado ni la ha hecho dudar. Para no caer en la tentación de dejarlo correr, ha pensado en los ojos zíngaros de quien dicen que le ha robado el hombre, en la sinuosidad de sus formas.

    Ahora, sin embargo, siente el arrepentimiento de haber matado al ser que más quería en el mundo, al que no le ha sabido ofrecer la semilla de su vientre, el único por quien habría luchado contra viento y marea. Inclina la cabeza, mientras el órgano sanguinolento y tibio aún sigue bombeando. Es tarde para devolver la vida a aquel cuerpo exánime, al hombre que, con la mirada más inocente, le pedía clemencia hace escasos minutos. La misma mirada que la había cautivada años atrás, en el baile de Fiesta Mayor, donde sintió el temblor de los nervios en las piernas, el leve sudor en las manos, el pecho de él lleno del latido más sincero que le hablaba de un amor perpetuo, inmutable, perenne. El latido que aún siente entre los dedos, la sístole y la diástole que la martirizarán a partir de ahora que la sangre le impregna el vestido de gasa y la conciencia y el descanso…

    d.

  10. DELATOR

    Su ritmo se acelera en tu presencia. Retumba en mis oídos con violencia, como un trueno anunciando temporal. Palpita en mis sienes la oleada ardiente y galopa por mi pecho, desbocado. Me delata. Presiento que también puedes oírlo; levantas la vista, y me sonríes. Late con tal fuerza que cualquiera puede oírlo. Me delata, estoy perdida. No puedo refrenar esta tormenta, escapa a mi control el sentimiento, no puedo soportar más la tortura. No puedo detenerlo. Sí arrancarlo.
    Y ahora que desbordan los afluentes la sangre que nublaba hasta hoy mi mente, no puedo ni siquiera sonrojarme. No puedo ya decir cómo te quiero.

  11. La competición

    Rocío y Puri siempre están compitiendo entre ellas. Si Rocío estrena un vestido de gasa; Puri contraataca con un Versace que pagará a plazos. Si Puri se compra un mini rosa; Rocío, un todoterreno anfibio. Si la una elige un crucero por el Mediterráneo para sus vacaciones; la otra no dudará en mejorar la apuesta con un viaje transoceánico. Está en su naturaleza, en su ADN, intentar superar a la otra. Quizás por ello, son tan buenas amigas. Así, desde hace unas fechas, su contienda se centra en conquistar a Mario y, por ahora, Rocío ha tomado ventaja. En su habitación cuelgan unas fotografías de fotomatón; un entrada de Amaral; sus Calvin Klein favoritos y hasta una radiografía de su caja torácica. Por eso, Puri que, sólo ha conseguido en estas dos semanas un poemario y una cita de domingo, en un alarde de poderío, se ha presentado en la casa de su amiga con un botín insuperable: El corazón aún latente de Mario. «¿Y ahora quién de las dos es la pava, Roicito?».

  12. Corazones sangrantes

    De las noches, prefiero las de luna llena, porque en ellas aparece la dama de blanco.
    Cuando acababa de mudarme a esta casa, yo era un escéptico; me costaba creer en cualquier cosa que no tuviera una explicación lógica. Además, estaba dejando atrás una historia muy dolorosa para mí y no me interesaba nada que fuera ajeno a ella. Entonces, apareció la dama. Bueno, en realidad, en un primer momento, yo no sabía qué era. Al principio, agoté todas las posibilidades y teorías para descartar que se tratara de un fantasma, hasta que llegó un tiempo en que tuve que admitir la realidad, y fue allí que me percaté de que solía aparecer con la luna llena.
    La luna es percepción, y en su fase de plenilunio es cuando se encuentra más exaltada. Quizás deba a eso el hecho de percibir a la dama en esas noches.
    El cómo llegué a ansiar encontrarme con la dama y casi mimetizarme con ella, merece un párrafo aparte:
    Observándola, he notado que sostiene por detrás, sobre su espalda, un corazón sangrante, que es el suyo; a mí se me antoja que podría ser también el mío.

  13. Odiando
    Sabía que deseaba su muerte. Deseaba que desapareciera, que un buen día llegara al trabajo y ya no estuviera allí, que no tuviera que preocuparme por encontrármelo por la calle, que la vida dejara de sangrarme cada vez que lo viera. Sabía que quería aplastarlo, que quedara como aquella granada que en el office de la oficina se me cayó de las manos y llenó todo el suelo de rojas gotas, de vida y muerte. Pero él, con su siempre tierna sonrisa volvía a hacer que me avergonzara de odiarlo tanto.
    – Tranquila querida, yo te ayudo a recogerlo. Y hablando de recoger, recuerda que esta tarde paso a por los niños, quiero que conozcan a Ana por fin.

  14. La novia
    Cuando termina de ponerse el vestido, Ana Rosa se contempla en el espejo. Se ajusta el tocado. ¡Perfecta! La sangre, con el tiempo, ha adoptado un tono parduzco. Ya ni siquiera parece sangre.
    Impaciente, mira el reloj. Todavía no han traído el ramo. Da nerviosos paseos por el piso. Por fin, cuando está marcando el número de la floristería, llaman a la puerta. Abre. El repartidor no puede disimular su sorpresa cuando la ve vestida de novia. Ana Rosa no le hace caso. Contempla satisfecha el ramo: ha quedado bien, con la enorme rosa negra en el centro.
    Sólo falta el novio. Ana Rosa entra en el dormitorio pequeño y busca en el armario la caja. El taxidermista hizo un trabajo magnífico. Extrae la cabeza. Ahora sí que puede empezar la ceremonia.

  15. TODO SE GIRA

    Los días soleados siempre pienso en la muerte. Me he vuelto extraña, como del revés. Disfruto de las pesadillas que se cuelan en mis sueños, de las falsas relaciones con la gente que no aprecio y de mi desaborido esposo. Estoy tan satisfecha de todo que me sabe bien hasta el dolor. Lloro de risa por mis penas, por esas normas que no tienen corazón, por esa amargura que me oprime. Todo se gira, y como no sé muy bien dónde caerme muerta, soy yo misma la que se clava un chuchillo por la espalda para gozar de esa agonía.

  16. Roja Granada

    Clara, Clara, Clara. Cuántas veces te dije que él no te amaba. Pero los latidos de tu corazón eran más fuertes que mis palabras. Lo noté en su sonrisa encantadora que no era la de cualquier persona, pero me decías que te hacía soñar.
    Su modo de hablar y cada ademán tan refinado no eran propios de cualquier hombre, me comentabas que eso era lo que te encantaba de él, y siempre te hipnotizaba al decirte que tu boca era una dulce y roja granada para devorar.
    Era tu pasión contra mi razón.
    Hasta que el día de tu boda descubriste la verdad y arremetiste el abrecartas contra su corazón. Inmediatamente le diste la espalda mientras él se desplomaba sobre tu vestido blanco.
    Clara, Clara, Clara. Cuántas veces hemos querido cambiarte el vestido pero dices que te hace ver elegante al recorrer los pasillos del psiquiátrico, mientras devoras una granada.

  17. Secretos de familia
    ¡Cuántas veces he oído entre susurro el nombre de Paloma! Cuando preguntaba quién era siempre me contestaban lo mismo: Niña, no preguntes. Tú, oír, ver y callar.
    No se dan cuenta los mayores que, cuando se ponen en este plan, los pequeños sienten más curiosidad. Pero aún así, crecí sin poderme enterar de quién era esa Paloma.
    Hoy descubrí su diario, relataba la tristeza de un amor incomprendido.
    Ella jugaba a enamorarse de un hombre que sólo la veía como una niña. Mientras que en los ojos de él se dibujaba la figura de su hermana.
    El noviazgo de ambos fue para Paloma el mayor castigo. Y llegó el día en que anunciaron su boda. Su hermana quería que ella fuera la madrina.
    “Solo pensar que voy a ir a la iglesia del brazo de mi amor secreto me enloquece. No puedo soportarlo. A hurtadillas llego hasta el dormitorio de mi hermana, me he puesto su vestido de novia y tomando el pequeño ramo me miro al espejo… soy la novia más bonita y más desdichada del mundo… ”
    Hasta aquí las anotaciones del diario. A su lado un periódico local daba la noticia de una muerte. La de Paloma que, enajenada, tan blanca como el vestido, fue encontrada con las manos llenas de sangre.

  18. DEMORAS

    Caminaba despacio, más despacio que otras novias. Trataba de retrasar de algún modo aquella ceremonia, la inevitable noche de bodas y el resto de noches, mañanas y tardes de cama junto a su futuro esposo y la ausencia de un clítoris, mutilado tras la ablación.

    *L*

    • Duro…. El corazón arrancado y la desolación de la mujer de la imagen llevan a ablaciones y a miedos en noches nupciales… Interesante y crudo, junto al título que es ambiguo y conciso

      d.

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