Viernes creativo: escribe una historia

Esta semana quiero que juguéis con el tiempo de vuestras historias. Podéis adelantarlo o atrasarlo, cambiar el orden de la acción, parar el tiempo o hacer que diez minutos duren toda una vida. Como cantó Víctor Jara, «la vida es eterna en cinco minutos». Hoy sois los amos de Chronos.

Para ilustraros, o inspiraros, os dejo esta ilustración de Cyril Rolando.

Ciryl_Rolando_dibujos_inspirados_en_Hayao_Miyazaki_Tim_Burton_12

Cyril Rolando

Te invito a dejar tu historia en un comentario en esta entrada, en facebook, en google+, en twitter, en tu blog o donde quieras, el asunto es escribir.

 

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14 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. La manecilla avanza con irritante lentitud. Mientras, mi cabeza trabaja a gran velocidad. He pasado de amarte, Roberto, a sentir un profundo resentimiento hacia ti. Un minuto me ha bastado.
    No voy a esperar más. Este hospital me ahoga. Saldré a recuperar mi tiempo.

  2. Los relojes eternos

    Regreso del viaje más largo de mi vida. Si hablamos de tiempo dirás que ha sido muy corto, ni cinco minutos medidos con un reloj convencional, pero hay tiempos que se miden con relojes eternos. Puedo asegurarte que la despedida, el instante, ha sido largo e intenso.

    He conocido el lugar donde se pausan los momentos. Donde quedan suspendidos, congelados, perpetuos.

    No me está permitido revelar dónde está, tan solo os contaré que es bajo un océano. En él descansan los recuerdos de aquellos seres que ya no están.

    En menos de cinco minutos todo cambió de lugar. No podemos pararlo, el tiempo avanza y cuando se pausa es para no regresar.

  3. Mapa subjuntivo

    Y si consiguiéramos doblar el tiempo igual que se dobla un mapa. Si lo sujetáramos por las esquinas y lo plegáramos en dos, luego en cuatro, en ocho, hasta meterlo en el bolsillo del pantalón. Así, el tiempo ya no sería lineal, ya no tendríamos que acudir a los recuerdos para volver a los diecisiete, nos bastaría con desplegarlo en la orilla de cualquier playa y acudir a cuando quisiéramos. Lo mismo que ochenta y tres, al atardecer, y qué bien te sentarían las arrugas de la frente, el bastón y el mal humor. A veces nos quedaríamos en el ahora, que sería siempre o nunca, no sabríamos. O nos iríamos a otros tiempos, desconocidos, haríamos una x en el mapa y buscaríamos nuestros propios tesoros. Atemporales.

  4. Tempus Fugit
    Te contesto que si el tiempo pasará, que si un beso es sólo el beso o es lo que queda en la memoria de lo que pudo haber sido y no fue.
    Que si no lo di, que si sí lo dio, a quién, cómo, por qué.
    Arena mojada, tiempo húmedo y plástico (ya sabes, si la arena se satura de humedad es un coloide, por lo que puedes hundirte en ella; la arena fina de la playa de la memoria, imagen tópica y manida, se convierte en arena movediza, memoria agujereada rellena de cadáveres que miden el tiempo pero no se mueven de su espacio; porque esas arenas se tragan todo y lo eguardan con la tranquilidad de saber que nadie excavará en ellas porque no se puede).
    Te respondo que también está la consideración física de la variable tiempo, la cuarta dimensión que se representaba fuera de los ejes cartesianos, ese acuerdo mundial matemático, hasta que lformuló Einstein su relatividad y lo jodió todo. Que, desde entonces que el tiempo es relativo, ya no mide lo mismo cerca del Ecuador que en el Polo Norte, y es en sí mismo una metáfora de la vida porque el Norte es el inicio; el ecuador la mitad y el sur, ay, el sur, es siempre final; todos quieren jubilarse en el sur, todos quieren el tiempo del sur en el tiempo en que el tiempo corre más deprisa que nunca. Todos nos miramos el sur cuando llegamos a esa edad en que se acaba todo, y te das cuenta de que en realidad, la vida es hacer, claro que es hacer, pero sentir también. Y hacer sentir no veas. Y entonces te acuerdas de lo que pudiste haber hecho, de lo que pudiste haber sentido, de lo que hiciste sentir o te hicieron sentir, y te das un golpe en la cabeza, te miras y dices: soy un desgraciado a tiempo completo.
    ¿Cuál era tu pregunta?

  5. LA BRUMA

    Coge su mano con ternura. No quiere separarse de ella ni un segundo. A través de sus dedos percibe sus débiles latidos. Sabe que se les escapa el tiempo, gota a gota, desaparecerán los recuerdos vividos.

    Le susurra al oído los sentimientos que, por falta de tiempo o de ganas, nunca le dijo. Ella lo escucha en silencio. En su mirada brilla una sonrisa y se ruboriza al recordar su amor perdido. Ahora, nada importan aquellos momentos que desaprovecharon y no estuvieron unidos. Una vez se pierden resulta imposible recuperarlos del olvido.

    Cuando en sus ojos aparece la bruma, con ella se detiene el tiempo y sus latidos

  6. LA BRUMA

    Coge su mano con ternura. No quiere separarse de ella ni un segundo. A través de sus dedos percibe sus débiles latidos. Sabe que se les escapa el tiempo, gota a gota, desaparecerán los recuerdos vividos.

    Le susurra al oído los sentimientos que, por falta de tiempo o de ganas, nunca le dijo. Ella lo escucha en silencio. En su mirada brilla una sonrisa y se ruboriza al recordar su amor perdido. Ahora, nada importan aquellos momentos que desaprovecharon y no estuvieron unidos. Una vez se pierden resulta imposible recuperarlos del olvido.

    Cuando en sus ojos aparece la bruma, con ella se detiene el tiempo y sus latidos.

  7. Una milla de abrazos
    Segundos sin aristas remachados sobre las agujas de la esfera candente, cimbreando los regios pilares existencialistas. Amir en ese desafío a la arquitectura clásica siempre hizo gala de medir el tiempo bajo otra clepsidra. En su feliz infancia el paso de los años los medía por el número de traslados, propiciados por la profesión castrense de su progenitor. En su juventud, enumeraba el paso de los semestres por sus múltiples conquistas, solo en una ocasión le dieron plantón, desde entonces se le quedó la sonrisa de mimo con corazón de alambre. En su brillante madurez, su talento le proporcionó numerosos ascensos en su meteórica carrera profesional, tornándose dichas promociones en la unidad de medida. En su senectud cuando el tictac abre sus fauces y devora sin piedad las palabras líquidas, los colores adjetivados, los nombres propios y comunes en la mar lactescente de la mente; Amir media el tiempo por los abrazos, las sonrisas, los besos; de sus hijos, de sus nietos, de sus biznietos…
    j. mariano seral

  8. EL CIRIO
    Un día, cuando era niño, mi madrina me enseñó el cirio que encendió durante mi bautizo. Le hice notar que apenas si estaba consumido. Me dijo que se había apresurado a apagarlo cuando acabó la ceremonia. Añadió que, si el cirio se gastaba, mi tiempo acabaría. Me lo tomé a broma, por supuesto. Sin embargo, no pude olvidar sus palabras. Hace unos días la visité. Aprovechando un descuido, cogí el cirio. Lo acabo de encender. Estoy observando cómo se derrite. Recuerdo las palabras de mi madrina. Sé que sólo quería asustar a un pobre niño. No sucederá nada cuando se acabe el cirio. Casi está consumido… Ya, ya se apagó. Nada ha ocurri

  9. TE OLVIDASTE DE RECORDAR

    Empezó lentamente, como una mancha viscosa que se extiende poco a poco y todo lo cubre. Un día abres un armario y te preguntas qué habías ido a buscar. O vuelves a casa y encuentras encendida una luz que jurarías que apagaste al salir. No le das importancia, hasta que una mañana, al levantarte, encuentras prendido el fuego de la cocina y piensas que debes centrarte más…
    Paulatinamente, el tiempo se detiene. Incluso tu reloj de arena interior se da la vuelta y todo regresa al principio, vuelve a empezar… La memoria juega contigo, sabe qué merendabas cuando jugabas en el parque, pero no qué has comido hoy.
    Olvidas quién eres. Los rostros, aun con rasgos del ayer, se vuelven todos iguales, desconocidos.
    Quedas sumergido en un mar de recuerdos, donde el tiempo es siempre el mismo y te ahogas. Y cuando en ocasiones, como una ráfaga de viento, intentas averiguar cosas de ti, ya es demasiado tarde, te olvidaste de recordar.

  10. APAREAMIENTO
    Las sirenas núbiles se acaloran y salen a la superficie. De sus gargantas sale un gran suspiro, el cual en los oídos de los marineros, carentes de cópula en sus navíos, parece un bello canto. Intrigados se acercan y descubren a las hibridas criaturas, se miran a los ojos y ambos, ondinas y navegantes, se cortejan. Sucede entonces que los hombres de mar buscan la manera de deshacerse de la cola de pescado, que cubre el sexo de las bellas criaturas. En ese afán pierden la noción del tiempo y pasados algunos meses, en el puerto, los dan por perdidos, al creer que alguna tormenta los ha arrastrado hacia el fondo del océano.

  11. CARPE DIEM

    Cayeron los minutos y las horas al fondo del océano; ahí quedaron enterrados como un tesoro por descubrir. Mas el tiempo no se recupera y los breves momentos pasados juntos a la orilla del mar nunca volverán.

  12. Distintas velocidades

    Cuando puedo, salgo al jardín, me tomo un pequeño respiro y los observo. Los niños corretean, saltan o trepan a la casa del árbol como si fuesen ardillas. Nunca permanecen quietos más de un segundo y les reprendo para que aminoren su velocidad. Ellos no me escuchan y su vitalidad me agota. Entonces, desvío la mirada y reparo en papá. Delante de sus rosas, apenas se mueve y le arengo para que se avive. Él me sonríe y empieza a hablarme con su parsimonia cada vez más a-cu-ci-an-te. No lo puedo evitar, enseguida miro el reloj y, apurado, siempre lo dejo recordando el pasado. Mamá sigue vegetal.

  13. VIENTO CÁLIDO Y PUNTO ATRÁS

    Aguardo el momento en que mi arce, que decidió conservar sus hojas, deje caer un higo maduro en mi regazo. Mientras tanto, bordo mis iniciales con punto atrás y dejo que el viento caliente me despeine. El perro aprovecha para bostezar y el gato errante, para escaparse. Vuelvo a mirar hacia arriba para no perderme el instante en que tendrá lugar el prodigio, pero sólo para ver aterrizar algunas sámaras aladas. Las estaciones, por su parte, han acampado alrededor de mi patio y las aves migratorias, desorientadas y caóticas, vuelan en círculos sobre la cigarra, que canta ajena a lo insólito.
    Levanto una vez más la vista de mi bordado. Veo las hojas azules, naranjas y lilas que cambian de color a discreción para unirse a este desgobierno, y luego, suspiro y sigo esperando. Me digo que el hilo amenaza con acabarse antes de tiempo y me pregunto qué pasará entonces. Pero doy una puntada, y luego otra, cuando el viento ardiente, otra vez, viene a apartarme el pelo de la cara.

  14. Supe del tiempo perdido cuando se ahogó en el vientre de una marea, llenando los espacios abisales de un fluido de polvo.

    Quise invertir la gravedad del vidrío desgastado por la frágil arena granulada de mármol y estaño. Pero quedé congelada en ese espacio infinito en la que mi vida había transcurrido entre metáforas y horas desiertas que no entendían de alquimia, ni deseaban ser profeta en tierra de nadie.

    Ahora me sumerjo de nuevo en la profundidad de una clepsidra de la que mana un tiempo casi muerto en el olvido.

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