Viernes creativo: escribe una historia

Viernes de pasión: aquí la imagen de Ole Marius Jørgensen para que os inspiréis.

Ole Marius Jørgensen

Ole Marius Jørgensen

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12 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Aquí me tienes, limpiando las huellas del cuchillo. Si mis alumnos de Psicología me estuviesen viendo dirían que he llegado a esta terrible situación a base de tanto estudiar casos patológicos de personas dementes e incontrolables. Y les daría pena, estoy segura. ¡Qué ingenuos! No se dan cuenta de que yo soy psicóloga porque, desde pequeña, he ido sembrando el mal en los que me querían y, de ese modo, podría demostrar a dónde se puede llegar con una mente cruel. Juan no es mi única víctima. Lo malo es que no puedo presumir de ello ante nadie. Al menos, hasta la clase del jueves, aunque sin decir nombres, claro.
    En esta habitación, con los cortinones corridos, rememoro la pasión encendida y paladeo el regusto a venganza, que todavía permanece en mi boca. Nada hay en el mundo que me pueda inspirar mayor placer.

  2. MANERAS DE MORIR

    Su cuerpo estaba en la alfombra, tendido delante de mí. “El cliente siempre tiene razón”, me dijeron cuando comencé en este viejo oficio. Pero el cliente, a veces, no sabe dónde está su límite. Bueno, tanto peor para él, pobrecito. Yo me limito a hacer mi trabajo, no tengo acceso a su historial médico ni lo necesito. Se supone que, al menos, murió feliz; después de todo, es una buena forma de morir, en medio de un fulminante orgasmo. No me había pasado con ninguno. Ahorita mismo llamaré a madame Bianca y le recordaré, de paso, su amonestación sobre mi frialdad, para muestra, un fiambre.

    MVF

  3. CÓCTELES INDIGESTOS
    No pienses que tengo nada contra ti. Por mi parte yo se que tú también me aprecias. El amor que nos tenemos es mutuo. Pero este juego al que me haces jugar, chico, como que no me acostumbro. A veces eres tú, otras yo, otras el edredón, a veces la lámpara, pero siempre uno u otro acaba por el suelo. Yo hoy estoy un poco… “mareada”. Y tú ahí tendido, “muerto” de risa. ¿Se puede saber qué has puesto en la bebida? Creí que era un mojito y resulta que estoy con un “mojicón” que no me aclaro.
    Vamos, levanta, para broma ya está bien. Ahora soy yo la que va a preparar el postre. ¿Te apetecen torrijas? Estamos en Semana Santa y son muy apropiadas. En vez de canela y azúcar a lo mejor se me ocurre embadurnarlas con algo más “exótico”. Te aviso que puede doler un poquito la tripa…
    Pero vamos chico, ¡levanta!
    Este memo lo mismo se ha pasado de “hierbabuena”

  4. Silencio, por Luciano Doti

    Tras la fiesta, Lorena y Alberto decidieron pasar el resto de la madrugada y la mañana siguiente en un hotel. No se conocían de antes, pero amigos en común los presentaron y el alcohol y el ambiente festivo se encargaron de todo lo demás.
    En la habitación, ambos actuaron desinhibidos y, hasta ahí, la experiencia podría calificarse como gratificante; tal vez, la más gratificante para Lorena desde la separación con el padre de su hijo. Sin embargo, en cierto momento, Alberto, exhausto de amar, se levantó de la cama, sacó pecho e inhaló oxígeno buscando combatir una sensación de ahogo, luego se arrodilló y abrió la boca intentando aspirar más aire. Lorena lo observó sentada sobre la cama hasta verlo acostarse sobre el piso; fue como si sus fuerzas lo abandonaran hasta caer fusilado, con un brazo extendido a un lado, palma hacia arriba, acaso en señal de entregar su alma al Creador.
    Desconcertada, Lorena se acercó a él para examinar sus signos vitales. Regresó a la cama lentamente y se sentó sobre el borde, queriendo prolongar ese instante en el que aún no confirmaba lo que en el fondo ya sabía. Respiró profundo. El silencio de la muerte la aturdió. Maldijo su mala suerte. Después, se puso el vestido, sin subir el cierre a su espalda, volvió a sentarse en el borde de la cama y, acomodándose el cabello algo enmarañado, pensó qué hacer.

  5. RESACÓN

    ¡Menuda fiesta de despedida!, estoy derrengada y a este no le ha dado ni tiempo de llegar a la cama, se ha desplomado encima de la moqueta rosa; por cierto, qué cutre…
    En fin, me quitaré la peluca e iré a echar la pota al baño…si llego.

  6. EL OBJETO… ÉL

    ¡Joder! Vuelvo a llegar tarde a trabajar. No puede ser, entre semana el sexo tenía que estar prohibido. ¡Menuda noche! Perdí la cuenta. El chico no está nada mal ¡Qué cuerpo! ¡Qué culito! ¡Madre mía!… Ya son casi las ocho, no me puedo secar el pelo y de pintarme ni hablamos, bueno algo sí. Además, lo he dejado reventado, ahí está tirado en el suelo, como muerto…
    Creo que llevo todo, ropa interior incluida ¡Sí, las bragas también! que no sería la primera vez… He dejado el dinero sobre la mesilla, con una pequeña propina ¡Ha estado muy bien! ¡Uf!
    Si quiero verlo más, ya lo llamaré. ¿No dicen que en la variedad está el gusto? Pues, yo en mi cama solo meto lo que me gusta.

  7. La moqueta

    —Cariño, ¿me ayudas con la cremallera?
    —Claro.
    —Gracias, cielo, ha sido divertido, salvo el momento del brindis; tu primo no ha estado muy acertado con el discurso. Ha sido bochornoso escuchar sus chistes tan poco elegantes. Sobre todo los del cáncer.
    —Él no lo sabe, no se lo tomes en cuenta. Ya le conoces, es un bocazas. Estás preciosa. Deja que te mire.
    —Pero…
    —Shh, calla, mi vida. Déjame por esta vez. No te quites la peluca. Juguemos un poco antes. Hoy tienes ese brillo especial que me gusta tanto. Por favor, te echo de menos.
    —Pero, John, ya sabes lo que pasa cuando…
    —Calla, Sharon, no va a pasarme, esta vez no. Quítate el vestido. Vamos a…
    —¿John?
    Sharon se sienta en la cama, de nuevo la enfermedad gana. No tiene fuerzas para levantarle. La excitación provoca que John caiga fulminado por la narcolepsia. De ahí la moqueta mullida.
    —Al menos esta vez, me bajó la cremallera.

  8. NEBULOSA

    Recuerdo una cena agradable y la copa de despedida en un local de moda, después, la nada. Solo existe el vacío y la oscuridad más absoluta hasta que despierto en esta habitación desconocida. Tú, manoseando mi desnudez y tu agrio aliento sobre mi boca. Lucho por librarme del peso de tu cuerpo. Presa de tus brazos me impides escapar. Pataleo y te pillo desprevenido, pierdes el equilibrio a la primera patada, con las siguientes logro alcanzarte de pleno en el cuello y sales despedido liberándome de ti.

    Me incorporo de un salto, preparándome para defenderme de tu próximo ataque, pero permaneces boca arriba sobre la moqueta, inerte, en medio de un charco de sangre. Me acerco con precaución y compruebo que no respiras.

    Recupero mi ropa, tirada junto a la cama. Temblando, me visto con torpeza. Tras llamar a emergencias, espero la llegada de la policía.

    Jamás imaginé que aquellos zapatos caros, con tacón de aguja, serían los que me salvaran la vida.

  9. EL MÉTODO
    Laura Zillemberg (de espaldas en primer plano) es una actriz de método a quien los compañeros de reparto se le desvanecen literalmente durante los ensayos (Véase el antebrazo yaciente en un segundo plano) Es tal su perfeccionismo que puede llegar a tardar dos horas en comenzar un diálogo, hasta estar segura de que su voz está plenamente mimetizada con la del personaje que interpreta. Tal vez esa sea la razón por la que nadie quiere trabajar con ella. Últimamente, se ha especializado en los monólogos, qué remedio. En su último trabajo “Si llega el ocaso, ni caso”, hace el papel de árbol de la tundra. Se ha metido tanto en el papel que aprovecha los días que no hay función para realizar la fotosíntesis. Acaso eso explique que le hayan florecido hileras de esquejes sobre las costillas flotantes.

  10. HACIA LA ETERNIDAD

    De buenas a primeras te desmayas sin un amago de dolor y mi gozo se acrecienta al descubrirte dispuesta para el viaje. Conjugamos los días tan deprisa que ahora desposeído de mi cuerpo llego a tiempo para llevarte de regreso al jardín de los sueños que albergamos cuando tan sólo éramos unos niños. Ese inerte rostro, que acariciaba temblándome los dedos, fue entonces mi cielo plagado de cometas y ahora lo contemplo tan estático como un paisaje en calma a punto de esfumarse.
    Pronto comprenderás que tu descuido con la bebida me ha facilitado mucho las cosas, tanto como para que perdieras el control y ahora pueda llevarte conmigo hacia la eternidad inequívoca de nuestro amor.

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