Viernes creativo: escribe una historia

¿Hacia dónde corre esta novia? ¿Llega tarde a la boda o huye de ella? ¿O quizá no es una novia? ¿Nos lo puedes contar?

La sugerente imagen es de la fotógrafa Karolina Bazydlo.

Karolina Bazdylo

Karolina Bazydlo

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15 pensamientos en “Viernes creativo: escribe una historia

  1. Menos mal que me he dejado las botas puestas, las que me resultan tan cómodas. Así podré llegar a tiempo a la barbacoa de Susana. ¿Cómo pretendía Juan que me aguantara hasta las cuatro y media sin comer? Él sabe que yo como a las doce, pero nada, empeñado en que no nos podemos casar a las ocho de la mañana, que no les daría tiempo a las invitadas a ir a la peluquería, que las fotos saldrían con poca luz y paparruchas de ese tipo. He sido tolerante porque me puse este vestido hortera, dejé que me hiciesen este moño ridículo y me presenté en la iglesia. Tenía intención de continuar en ella, lo juro, pero me vino el olor intenso de la hamburguesería Pepe’s y, claro, una es humana y no está dispuesta a pasar hambre, como tuvieron que hacer mis padres. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Si me apuro un poco, comeré criollos humeantes y un buen chuletón. Y si se enfada el Juan, no me preocupa. Utilizaré mis armas de mujer.

  2. Lety no pudo resistir la tentación. En cuanto vio l vestido de novia de su señora, puesto allí encima de la cama, tan blanco y brillante, en un arrebato se lo puso. La imagen que le devolvió el enorme espejo del armario ropero de Sofy, le hizo saber que a ella le quedaba mucho mejor. ¡Seguro!
    Con lo cual inicio una loca carrera para hacerse con el e impedir que ese maravilloso vestido acabara tapando las vergüenzas de una solterona a la que le habían comprado un marido. Es que el dinero lo puede todo.
    Pero ahora iba a tener un problema, tenía que buscarse un chico para el sí quiero, lo antes posible.
    Pero era tan difícil quedarse con uno solo de sus novios…

    Sarrià, 6 Abril 2018

  3. Novio a la fuga
    Porque esa que aúlla en el fondo de la iglesia toda vestida de blanco es la loca que te persigue desde que tienes diecisiete, a la que ya dijiste que no pero que se empeña y se empeña en que tú eres el único que la hará feliz y mira es capaz hasta de plantarse en tu boda vestida tal que así y decir que no se casen los novios, que es ella the one and only y que tú no lo sabes todavía pero que lo sabrás porque tendréis toda la vida para admiraros en los atardeceres sulfurosos de un matrimonio horrible.
    Porque aunque los padrinos y las madrinas la intentan detener no hay manera humana de placarla ni de aplacarla y los aullidos se clavan en las almas salvadas por el cura párroco de la iglesia de campo que habías elegido tan lejos de la civilización y de ella.
    Porque al final se actúa movido por el amor pero también por la compasión.
    Porque sí.

    Mira que hay locas por el mundo
    Y sí, quieres.

  4. LA PROFESIONAL

    No es casualidad que la teniente Q´Sullivan se case con botas de soldado. Para ella, la defensa de la patria no admite excepciones y hay que estar constantemente alerta. “Nunca se sabe si entre la lista de invitados está infiltrado el enemigo: esos bastardos vietcom están por todas partes”, le ha comentado a su novio cuando este observaba atónito su calzado. Tras colocarse los anillos (el de ella lleva un doble fondo con un gramo de cianuro, para tragárselo en caso de ser apresada por el enemigo) ha salido corriendo detrás de uno de los invitados, a quien ha confundido con un salafista. Aún así su novio (Un tipo sensible, vegano, amante de la horticultura y de las rancheras con final feliz) está entusiasmado con la noche de bodas que se avecina. Esperemos, por su bien, que sepa concentrarse con un Mausser de asalto apoyado en el dintel de la cama.

  5. Sea como sea tengo que llegar a mi boda. Estoy segura que es hoy, no entiendo porqué nadie me ha llamado, no estuvo la limosine a la puerta de mi casa y ninguno responde a mis llamados.

    Con estas botas llegaré más rápido y estando allí me cambiaré por los zapatos de tacón, para entrar como una princesa y caminar al altar donde me espera mi príncipe.

    Los vecinos la ven pasar y comentan.

    —Esto se repite todos los años, justo en el día en que Camila se iba a casar con Gerundio y él la dejó plantada, pobre chica.

  6. El sueño de Laura, por Luciano Doti

    Laura comenzó a relatar un sueño a su psicoanalista. La profesional la escuchó interesada, tratando de ocultar cualquier gesto de aprobación o desaprobación.
    Corría por un espacio urbano, todo cemento, vestida con un vestido largo blanco, debía recogerlo con sus manos para no pisarlo y caer. El calzado no combinaba; eran unas botas cortas negras, más bien de sport, como para acompañar unos jeans.
    -No sé qué significa -concluyó Laura.
    -Hacé un esfuerzo por darle un significado, aunque te parezca absurdo o sin sentido. Ayudame a entenderte -la animó la psico.
    Pensó unos segundos y volvió a hablar:
    -El vestido blanco puede ser de novia. Si corro, tal vez escape de un hombre. Quiero estar lejos de ellos, como una virgen, porque el blanco es virginidad, ¿no? Pero en mi caso, lo dudo.
    Ambas rieron.

  7. Lluvia de arroz
    Respiró la dulzona fragancia a néctar de azucenas. María de Noche cerró los ojos frente al recamado retablo de alabastro. Aun sabiendo que era el centro de atención logró concentrarse. Primero pensó con el hemisferio izquierdo de su intelecto, cuando el mosén José le preguntó:
    -¿Aceptas como esposo a Manuel de Noche?
    María trasladó sus pensamientos al hemisferio derecho como el que descansa el peso de su cuerpo sobre el otro pie. Unos segundos después solo recordaba que huía del compromiso calle arriba bajo la mirada atónica de familiares y amigos.
    j. mariano seral

  8. Correr

    Hay personas que nos rodean que se creen con derecho a administrar rincones indebidos. Personas que no debieron tener ese poder, pero que hicieron de la vulnerabilidad su pasaporte a tierras prohibidas. Personas con un don para disponer de aquello que no le corresponde, hábiles en la manipulación de emociones ajenas, expertas en chantajes y amenazas. Veneno para las entrañas.

    Personas de las que solo se puede huir.
    Corre, sea el momento que sea. Más vale correr una vez, que llorar cada día por no haber podido correr.

    Siempre se puede, aunque duela. Tengan el rango que tengan.

  9. BLANCA Y RADIANTE

    ¡Joder, cómo chillaban y cuanto corrían! Y de novia a la fuga nada de nada. Todo ha sido muy rápido, de repente me he visto calle arriba a toda mecha.
    Yo entré a por otra cosa, pero cuando lo vi me pregunté: ¿Cómo me sentaría a mí? Y me lo probé. Eso de casarme ni lo pienso y menos de blanco. La cuestión es que, cuando tenía el traje encima, me han llamado la atención. Me ha entrado el canguelo y pies para que os quiero. Todas chillaban: ¡Detengan a la ladrona! ¡La vestida de novia! Y no es del todo verdad, ha sido circunstancial. Lo que entré a robar a la tienda fueron las botas. Y, por cierto, ¿a qué me quedan guay?

  10. AMAR HASTA EL FINAL

    Me llamo Amalia y cuando amo lo hago con intensidad y es curioso esto de la intensidad, porque no depende de mí, pero engancha. Tal vez por eso, ni en mi mente ni en mi corazón concebí nunca otra forma de amar. Ese amor tranquilo y sosegado que no agita tu sangre, del que suelen hablar los matrimonios con el correr de los años, no es el amor que yo quiero. Amontonar platos sucios en el fregadero hasta que decides romper unos cuántos, puede llevarte demasiado tiempo. Sé que hay gente que nunca entenderá mi proceder por mucho que me justifique, pero yo creo que, en realidad, le hice un favor a Enrique cuando salí corriendo minutos antes de presentarme ante el altar. Le ahorré el disgusto de oírme hacer gárgaras por las noches, verme dormir con antifaz y levantarme con legañas, o de encontrarme con dos rodajas de pepino sobre los ojos al llegar a casa; pero, sobre todo, le ahorré tener que presenciar como echaba panza frente a la tele, con varios botellines de cerveza y restos de pizza a su alrededor; de pelearse con su reflejo al hacerse la raya al lado intentando cubrir la azotea de sus ideas, y de enfrentarnos al duro momento de tener que buscar una excusa para dormir en camas separadas.

    Sí. Cuando vuelvo atrás en la memoria y me veo frente al espejo, adornada y decorada como todas las novias que se precien, me alegro de verme lanzar los zapatos blancos al aire, de rebuscar en el armario hasta dar con las botas de montaña negras y de salir disparada (y remangada) con el mismo vestido de novia y la tarjeta de crédito escondida bajo la ropa, rumbo a cualquier lugar lejos de aquel en el que aborrecernos juntos.

    Manuela Vicente Fernández ©

  11. SI TÚ ME DICES VEN

    El tiempo restañó mis heridas y me ayudó a olvidarte. Poco a poco, recuperé la serenidad. Vivía aletargada para no sentir.

    Sin esperarlo, otro ocupó mi corazón y me devolvió la sonrisa. Cuando me pidió que nos casáramos, dije que sí y comenzamos los preparativos.

    Pusimos fecha para la boda. Sería una ceremonia tradicional, por la iglesia y vestida de blanco.

    En la tienda de novias, me probé muchos vestidos, pero ninguno me gustaba. Llevaba puesto el enésimo vestido, cuando sonó el móvil. Eras tú.

    Me dijiste: “Ven”. Y si tú me dices “ven”, lo dejo todo… sin dudarlo, vestida tal y como estaba, corrí hacia la locura de tu boca.

  12. CINE MAGIGUE

    Con faldas y a lo loco, con botas de gato, novia a la fuga, boda sin sangre, palmeras en la nieve de primavera, grito que susurra Ingmar o Julia.
    Muro de chocolat, paredes de zapatillas y a todo gas.
    La vida es puro teatro y la escena una película en la que tú protagonizas cada secuencia.
    ¿Rodamos un celuloide en el que el color sea en blanco y negro, en el que la palabra se quede muda y la mirada sea una gran pantalla abierta a Sin City, Casablanca o la psicosis de nuestra mente?

    Te espero al otro lado de la pantalla. Me voy corriendo a reservar mi butaca.

  13. BLANCA Y RADIANTE

    La dependienta le aconsejó que quitara sus botas para probarse los vestidos de novia, pero ella no hizo caso y se las dejó puestas. Se probó varios vestidos que no acababan de gustarle del todo; este último, sin embargo, le encantó, le sentaba de maravilla, tenía una sola pega era el precio, demasiado elevado para su bolsillo.
    La ocasión hace al ladrón, aprovechó un descuido de la dependienta para salir por pies de la tienda. Se arremango el vestido todo lo que pudo y echo a correr sin mirar atrás.
    El día de su boda todos admiraron su elegancia y buen porte. Ella, por lo bajini, sonreía para sus adentros.

  14. ¡QUE TE VAYA BIEN!

    Se hallaba tumbado en el sofá del salón de espaldas a un policía que justamente en ese momento le apuntaba con su arma reglamentaria mientras el resto de los agentes inspeccionaban todo el edificio con el fin de detener a su mujer, cómplice y encubridora en la mayoría de los casos. Virginia y él habían mantenido hasta ese día una relación sentimental encubierta, pues ella estaba casada con un importante empresario de aquella ciudad provinciana, por lo que la mayoría de la gente jamás había sospechado que estuviera involucrada en aquellos turbios negocios del hampa que manejaba a su antojo su actual pareja, el famoso narcotraficante “El huesudo”.

    Cuando el narco se percató del arma que tenía detrás de su cabeza tuvo la destreza suficiente y sangre fría como para realizar un acrobático movimiento que le situó frente al agente arrebatándole el arma en cuestión de milésimas de segundo. Luego le amordazó con cinta americana y lo arrojó al suelo de un fuerte puñetazo dejándolo inconsciente. También pudo ver desde un ventanal de la habitación la silueta de Virginia corriendo como una liebre salvaje embutida en un extraño vestido blanco de novia y unas botas negras.

    —¡Eh! ¿Te has vuelto loca?… Con esa pinta seguro que te van a detener… —le gritó enfurecido y desconcertado.

    —No, mi amor, con esta pinta me confundirán con una novia despistada y loca de remate.

    —Si, gatita, pero déjate de jueguecitos estúpidos y ahora espérame en el garaje, que ya voy por ti.

    —No, mi cuchifrito querido, estoy decidida a salir de aquí cuanto antes. ¡Que te vaya bien!

    —Pero mi ratoncita chiflada no hagas más tonterías y escóndete en el coche. ¡Ahora bajo!

    —No, mi gordi peludo, quédate ahí porque yo me abro. ¡Que tengas suerte! ¡Chao! —acabó diciéndole, mientras sus labios perfilaban una sonrisa burlona.

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