Viernes creativos: ¡Vámonos de viaje!

Buenos días compañer@s,

Hoy mi propuesta es un viaje imposible, que siempre hayáis deseado pero que por circunstancias de la vida esté todavía esperando en la lista de tareas vitales pendientes o que, simplemente, sea un viaje tan maravilloso y fantástico como inviable. O, si sois poco de viajes y preferís soltar lastre pesado, podeis contarme cualquier historia liberadora de esas que cuando terminas de contarla, respiras hondo y sueltas un «qué a gustito me he quedado».

Y para ello, os traigo esta imagen del artista brasileño Luis Philippe que espero que os guste y que creo que sirve muy bien para esta propuesta.

Os deseo un estupendo fin de semana- puente. Aquí os espero para leeros.

Un abrazo,

Ele

4 pensamientos en “Viernes creativos: ¡Vámonos de viaje!

  1. El resguardo del viaje vibraba, triste, alicaído. El mes de septiembre habái quedado atrás

    Nos recogieron en el hotel de San José, para llevarnos hasta la costa, a Guápiles, y más tarde tomamos una lancha que nos hizo viajar por un sistema de canales naturales. Se atravesaba una vasta extensión de bosque, y el aire olía a humedad, los verdes eran de una intensidad que te dejaba la mirada teñida de esperanza y vida. Los sonidos de la selva permitían intuir el sonido de la naturaleza primigenia, te hacían sentir lejos de todo lo conocido. El Parque nacional de Tortuguero es un hábitat tan rico, que yo no dejaba de mirar, de aquí a allá, sin poder decidir dónde centrar la visita porque todo era un vergel de posibles descubrimientos, de aventuras tras las lianas, de amaneceres selváticos.

    Nos llevaron a la playa a la caída de la tarde. En el grupo sólo yo viajaba en solitario. Mi marido hacía años que no se apuntaba a ver mundo. En esas horas, mientras Rafael, el guía, nos explicaba cosas de las tortugas, de la historia de este país y su apuesta por el turismo sostenible, yo disfrutaba de la línea de la playa, del firmamento estrellado, de los aromas de salitre, de los sonidos del mar.

    La experiencia me conmovió, por el esfuerzo de esas hembras. De regreso al hotel, Rafael se mostraba muy amable, y en la cena se lo montó para sentarse a mi lado. Hablamos de mil cosas y nos reímos de todo y de nada, dejando la noche, a punto de acabar, abierta a emociones posibles, y a cantos de sirena, seguramente.

    Sonaba el timbre de la cocina, las lentejas estaban hechas. Como era de esperar, se estaban pegando al suelo de la cacerola, pero mi viaje de aventura había valido la pena, aun soñando.

  2. https://lahistoriaestaentumente.wordpress.com/2020/11/07/suenos-aplazados-en-una-maleta-de-piedra/
    Sueños aplazados en una maleta de piedra
    La mujer que lleva meses preparando el viaje al destino soñado se despierta con una gran sonrisa y revisa, una vez más, su equipaje. Está todo ordenado encima de la cama de invitados, la maleta abierta en el suelo; las guías colocadas sobre la mesa y los billetes impresos y guardados en el portadocumentos. Solo faltan tres días para cumplir su deseo de conocer Japón. Lo hará sola, sin prisas y sin compañía, para poder disfrutarlo a sus anchas. La mañana se tuerce cuando lo hace su tobillo al salir de casa, la tarde se oscurece cuando escucha en las noticias que se ha declarado el Estado de Alarma, la noche lo engulle todo cuando asume que su gran proyecto se ha convertido en piedra.

  3. jm vanjav hasta en 500 palabras+
    https://jmvanjav.wordpress.com/2020/11/07/viernes-creativos-vamonos-de-viaje/
    Si algo me fastidia de los viajes largos es cargar con las maletas. Como no tienes claro el tiempo que hará. Y claro, tan lejos no vas a ir solo con lo puesto y una muda. Así que al final, el equipaje pesa casi como si llevaras dos piedras; una en cada mano.

    Con los años he aprendido que por largo o lejano que fuera mi destino, las piedras de mis maletas al igual que los libros, de bolsillo. En esta ocasión, sin haber llegado a visitar todo lo que la imaginación me había sugerido, mi travesía será con las manos en los bolsillos.

    En este, mi último destino, solamente necesito llevar los buenos recuerdos y estar en Paz conmigo mismo. Por una vez no me pesarán las maletas, ni tendré que estar continuamente vigilándolas. Disfrutaré del viaje y seguro que encontraré la compañía que, literalmente, mi Alma inquieta toda la vida estuvo buscando.

  4. El regreso
    La serenidad clara de los días de otoño, como hoy, la hacen sonreír, en cierto modo son el reflejo del sosiego que al fin ha logrado.
    La compra en el mercadillo, recorrer uno a uno los puestos, aparte de para reponer suministros, le sirven para despejarse, le hacen gracia algunos vendedores por la forma en que ofrecen sus productos. Es una manera más de poder evadirse.
    Cuánto le ha costado olvidar «bueno olvidar no ha olvidado», cuánto le está costando superarlo, ha sido mucho más que el reponerse de los moratones. Poder dejarlo atrás está siendo un maratón, en el que tropieza y tropieza.
    Según se va acercando a su puerta, el corazón se le acelera, y a pesar de no verlo, esas dos maletas le dicen que ha llegado el invierno.

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